José Toirac y Octavio Marín (en colaboración con Osay Chala Zulueta), Carlos (Chef), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

«La luz es una metáfora de la honestidad», escribe la curadora Concha Fontenla en su introducción a Diógenes y la luz, actualmente en vista en Factoría Habana en La Habana.

Con este concepto como punto de partida, José Toirac y Octavio Marín emprenden una búsqueda metafórica en la Habana contemporánea para el equivalente del «hombre honesto» del filósofo griego.

Los artistas hacen pleno uso de los tres pisos de la galería Factoría Habana, estructurando la exposición en tres niveles de información.

Vista parcial de la instalación Renacimiento, 2016, por José Toirac y Octavio Marín (en colaboración con Anielka Kamona).
Cortesía de Factoría Habana.

La planta baja está dominada por Renaissance, una instalación a gran escala creada en colaboración con Anielka Karmona. Incluye una «alfombra roja» de latas machacadas que conducen a un cubo de basura acolchado en bolsas de basura, acompañado de 30 retratos de personas que descansan en el sofá hecho de jabas de basura.

Cuatro de las fotografías en la instalación Renacimiento, 2016, por José Toirac y Octavio Marín (en colaboración con Anielka Kamona).
Cortesía de Factoría Habana.

Fontenla describe a Diógenes y la luz como un “ homenaje a todos y cada uno de aquellos que, en absoluto anonimato y sin intención de destacarse, ni buscar ningún reconocimiento, logran el éxito y el crecimiento personal simplemente haciendo lo correcto en la cotidianeidad utópica en que viven «.

Muchos de los retratos en la planta baja muestran el camino de los sujetos en la vida. Ángel (comprador-vendedor de discos) parece emerger de una pared de CDs.

José Toirac y Octavio Marín, Ángel (comprador-vendedor de discos), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

El retrato de cuerpo entero de Carlos (Chef), realizado en colaboración con Osay Chala Zulueta, está rodeado de fotos familiares, figuras religiosas y otros recuerdos. Ricardo (Carretillero) está enmarcado por lo que parece ser el armazón de una carreta, y Tomás (Colector de materia prima), 2016, está pintado sobre chatarra.

José Toirac y Octavio Marín, Ricardo (Carretillero), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

Así como Renaissance domina la planta baja de la galería, la instalación Relicarios se apodera del segundo piso. Cada una de las 20 vitrinas está dedicada a un solo individuo -desde «Isidro, 1826-1855, esclavo» hasta «Fecundo Bacardi, 1914-1986, empresario» – y contiene objetos emblemáticos de la vida de la persona.

José Toirac y Octavio Marín, Relicarios, 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

La vitrina dedicada a la cocinera Margot Bacallao, por ejemplo, contiene instrumentos de medición, pulidos con brillo metálico, y una copia bien utilizada de Cocina al minuto, el querido libro de cocina de Nitza Vilapol.

Detalle de José Toirac y Octavio Marín, Relicarios, 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

Las obras en los niveles superiores a veces toman un giro poco ortodoxo. Jesús de Infanta (Jesús Menéndez Larrondo), un retrato del sindicalista, se muestra en un marco estropeado (o quizás reparado) con cinta descolorida, con un portapapeles de documentos colgando cerca de él. Un retrato de Mercedes (la florista jubilada), 2016, aún sin terminar, está lleno de cubos de coloridas flores frescas.

José Toirac y Octavio Marín, Aldabonazo (Eduardo Chibás), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

Una variedad de elementos confluyen en el retrato del político luchador contra la corrupción Eduardo Chibás (1907-1951). Además de los recortes de periódicos enmarcados, Adlabonazo (Eduardo Chibás)incluye una puerta de madera apoyada contra la pared, a la que se ha sujetado una copia de la revista Bohemia. Una pequeña puerta dentro de la tabla lleva una cita, y se abre para revelar una imagen de Chibás detrás de ella.

Detalle de José Toirac y Octavio Marín, Aldabonazo (Eduardo Chibás), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

La exposición termina en la planta superior con la instalación Modelo (El Che con el hostiario), una evocación religiosa de lo que Fontenla llama «el sueño revolucionario, el ‘nuevo hombre ‘ del Che Guevara y su relación con la cultura de masas».

Vista parcial de José Toirac y Octavio Marín, Model (El Che con el hostiario), 2016.
Cortesía de Factoría Habana.

Es esta relación, escribe, «a la que Toirac y Marín se refieren explícitamente desde la característica multiplicidad del arte contemporáneo».

José Toirac y Octavio Marín. Diógenes y la luz estará abierta hasta el 30 de abril en Factoría Habana, La Habana. Para más fotos, vea el álbum en la página de Facebook de Cuban Art News.