Julio Larraz, Il mar Tirreno a Cumae, 2012
Cortesía de Julio Larraz

Julio Larraz (La Habana, 1944) tiene un distintivo acercamiento a la pintura, caracterizado por atmósferas metafísicas donde la luz y los subjetivísimos encuadres proponen una lectura arquetípica del humano. Made in USA es su más reciente exposición personal en Ascaso Gallery, Miami.

Yo también estuve en Anatolia. La luz es dura: deslumbrante cual relámpago  enceguecedor que te obliga a cerrar los ojos mientras detrás de los párpados la imagen persistente, como fotograma  impertinente, molesto, incomprensible, subsiste aun cuando abres los ojos, grabado para siempre en la memoria. — Janet Batet

Aventurarse al universo de Julio Larraz es siempre un desafío no exento de riesgos. Sus pinturas, ya sean paisajes, retratos o naturalezas muertas, siempre están pobladas de ese halo particularísimo, cuando menos inquietante, que nos cautiva y obsesiona.

El poder hechizante de estas imágenes radica, ante todo, en el carácter ambiguo de las mismas. Enigmáticas escenas extemporales cuyos parajes recurrentes y escurridizos a un tiempo –nunca podemos a ciencia cierta descifrar el escenario exacto– se repiten una y otra vez en caprichosas variaciones, como en una suerte de retournelle ominosa.

Julio Larraz, The Oracle’s Labyrinth, 2011
Cortesía de Julio Larraz

Si bien su obra entronca con la tradición realista de la pintura, la visión antojadiza de Larraz no necesariamente parte de la realidad. El mismo artista ha apuntado en repetidas ocasiones que sus pinturas son el resultado de un estado de ensoñación (“daydreaming state”) y no de un referente concreto. Las atmósferas, caracterizadas por ese nimbo metafísico consecuencia del empleo de una luz frenética, casi recortada, y del aparentemente encuadre arbitrario que por momentos pareciera heredero de La Nouvelle vague, generan un efecto de dislocación en el receptor, que es obligado así a  la búsqueda referentes que no le son dados.

Estos ambientes de belleza enrarecida donde los retratados eluden la mirada bajo la sombra proyectada del ala del sombrero, espejuelos de sol, los ojos cerrados o simplemente volviéndonos la espalda, parecieran, por momentos,  acercamientos vertiginosos de vistas generales de otros cuadros del propio artista que a su vez, son contenidas en otras vistas aún más colosales entramándose en curiosa sucesión.

Tomemos, por ejemplo, la siguiente cadena secuencial:  “Communion”, 2016; “Homer at the Isle of Falconera”2014; Only the Memory of his Poetry”, 2016; An Afternoon with Hesiod”, 2016; y Vista del Golfo”, 1990, respectivamente.

Julio Larraz, Communion, 2016
Cortesía de Julio Larraz
Julio Larraz, Homer at the Isle of Falconera, 2014
Cortesía de Julio Larraz
Julio Larraz, Only the Memory of his Poetry, 2016
Cortesía de Julio Larraz
Julio Larraz, An Afternoon with Hesiod, 2016
Cortesía de Julio Larraz

Este recurso un tanto cinematográfico  enfatiza la sensación de Déjà vu tan cara a la propuesta de Julio Larraz, reafirmando esa dicotómica sensación de intimidad y extrañamiento que habita su propuesta. Y es que la propuesta de Larraz discurre fuera del tiempo. Aun cuando tenga consonancias  con nuestra contemporaneidad, su discurso tiene por sobre todo un carácter arquetípico. No es el aquí y el ahora sino la condición humana lo que parece obsesionar al artista. Despotismo y altruismo, frivolidad, y espiritualidad,  son algunas de las antinomias que subyacen a lo largo de su obra.

Julio Larraz, Works and Days was written here, 2011
Cortesía de Julio Larraz

Los títulos asoman como brújula ineludible. Ciertos lugares reales o ficticios (Anatolia, Cumae, Agravox), perdidos en el tiempo, nos remiten al Mediterráneo  en esa condición de cuna de la civilización, símbolo de sabiduría y creación, pero también de querella, imposición e intolerancia. Es como si bastara la revisitación de lo ya transitado como augurio certero de nuestros propios pasos. Las referencias a los poetas de la Antigüedad clásica (Homero, Hesíodo), enfatizan el trasfondo trágico – en el sentido clásico, indisolublemente asociado al destino- que sobrecoge en estas piezas.

Sobre la punta rocosa, al borde del Mare Nostrum, se alza un domo sagrado, incólume ante el tiempo. Ora la casa del poeta, ora  observatorio, ora templo sagrado, esta persistente referencia[1] parece erigirse en la clave de salvación y, sin embargo, las más de las veces, aparece desierta, ignorada. En este sentido, “Cumae the end of winter”, 2010; “The artist And His Model”, 2011; “Yasmin, View From The Terrace”; 2012 y “The First Day of the Year”, 2014, resultan sintomáticas. Sobre lo alto del domo, cuna y legado, las despreocupadas figuras parecen  negarlo mirando lontananza.

Julio Larraz, Cumae the end of winter, 2010
Cortesía de Julio Larraz
Julio Larraz, The Artist and his model, 2011
Cortesía de Julio Larraz

Lo atemporal, por momentos, es sacudido, por la introducción de medios de transporte (trenes, barcos, autos, avionetas) que con su ruido de maquina industrial, parecen bramidos de bestia hiriendo el paisaje (“Winter Ride”, 2000;  “Coming Home”, 2013; “Sea Road to Bimini”, 2013; “Et Tu Brute”, 2013; “Traffic”; “The Return of the Prodigal Son”, 2016). Otras, es el sentido atemporal es roto por coordenadas concretas, recontextualizado a partir de títulos que establecen puentes, señuelos escalofriantes con el ahora. Tal es el caso de “Made in USA”, 2014, pieza que da título a la presente muestra.

Julio Larraz, Made in USA, 2014
Cortesía de Ascaso Gallery

Julio Larraz: Made in USA corrió de 13 octubre hasta 30 noviembre en la galería Acaso, Miami.