Ben Rodríguez-Cubeñas, al centro, con Howard Farber de la Fundación Farber, durante la presentación de los primeros Premios de Arte Cubano, en el mayo pasado, en el Centro Wifredo Lam. Al fondo, Celia González Álvarez del equipo Celia y Yunior, ganadores del premio para Joven Artista del Año.
Foto: Cuban Art News

En la conversación de la semana pasadaBen Rodríguez-Cubeñas habló sobre el arte y la cultura en la isla, la necesidad de crear una infraestructura cultural, y los desafíos que enfrenta la filantropía estadounidense en su afán por apoyar las iniciativas de la isla.

Esta semana, el diálogo gira en torno al Cuban Artists Fund (Fondo de Artistas Cubanos), organización co-fundada por Rodríguez-Cubeñas en 1998 con Lourdes López y María Caso y cómo dicha organización se ha re-concebido en respuesta a los cambios en las relaciones Cuba-EE.UU. Debatió sobre su participación en la administración del arte en Nueva York y cómo esto se relaciona con sus actividades en Cuba. Y también reflexionó sobre el arte, los derechos humanos y temas sociales.

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Hablemos sobre el Fondo de Artistas Cubanos. ¿Cuál es la misión de la organización, y cómo se ha re-concebido en respuesta a lo que está sucediendo?

Nuestro objetivo primario fue apoyar a los artistas y los intercambios culturales. Comenzamos un proceso de re-dirección en agosto del 2014, antes del anuncio de diciembre. Tuvimos apoyo de la Fundación Ford, Rockefeller Brothers Fund y pude contratar a tres asesores de gran calibre.

En ese momento, me enteré que algo pasaría pero pensé que nos estábamos preparando para un evento que ocurriría dentro de 5 años. Obtuvimos el permiso en septiembre, contratamos a los asesores en octubre, ellos comenzaron a trabajar en eso, y el anuncio fue publicado el 17 de diciembre. Y de pronto, cosas que habíamos planeado para dentro de 5 años, debían ser hechas ahora.

Como parte del  plan de los asesores estaba entrevistar alrededor de 40 personas, que estuvieran en Cuba, aquí, que fueran expertos y no expertos. Tuvieron una idea general   de lo que estaba sucediendo y analizaron lo que habíamos estado haciendo y necesitábamos que ocurriera.

Encargamos algunas ponencias, incluyendo una que analizaba la infraestructura de asociaciones en la isla y lo que las personas opinan sobre esto. El asesor hizo una presentación en Cuba estando yo en la sesión de la filantropía estadounidense y también a los fundadores que asistieron a la reunión aquí en EE.UU.

Entrevistó alrededor de 40 personas también, en la isla y fuera de ella. Se llevó una buena idea de lo que piensan las personas sobre esto en relación con el tercer sector.

Después de toda esa investigación. ¿Qué nuevas direcciones decidieron asumir?

Una de las cosas que nos quedó clara es la necesidad de hacer y compartir las investigaciones. Se necesitan investigaciones y datos básicos que otros no quieran o no pueden hacer. El gobierno no lo va a hacer. Una persona de afuera no lo puede hacer. Se necesita información de base que todos puedan usar.

Como parte de nuestra investigación encontramos que hay al menos 30 organizaciones extrañas alrededor del país que están de alguna forma afiliadas o conectadas para hacer algo en Cuba, las cuales están muy infra capitalizadas y no son verdaderamente eficaces porque todo el mundo está allí, haciendo lo que les parece—algunas veces es un  profesor en la universidad. Por tanto, se necesitan oportunidades para juntar a las personas y ver como pueden colaborar.

También estoy trabajando con un grupo de fundaciónes filantrópicas (Atlantic Philanthropies, la Fundación Ford, la Fundación Christopher Reynolds, y el Rockefeller Brothers Fund) los cuales han contratado a un abogado para analizar las regulaciones, tal como hace la comunidad de negocios, ver lo que eso significa. La industria de las comunicaciones,  la de la construcción y la farmacéutica lo han hecho. Ninguna de las instituciones sin fines de lucro o la comunidad de las artes lo ha hecho. Nadie tiene los recursos o ha pensado en hacerlo.

Hemos contratado a un abogado para realice un análisis de cómo estas nuevas regulaciones pudieran afectar los intercambios culturales, las instituciones sin fines de lucro y la filantropía. Una vez que tengamos esa información, pudiera compartirse con una audiencia más amplia. Y pudiéramos tener fórums.

Lo provechoso de la reunión de fundadores que celebramos el pasado noviembre fue que acogió más de un sector. Asistieron académicos, artistas, funcionarios del medio ambiente, los que tienen que ver con la economía. Todos estos sectores han intercambiado mucho con Cuba en los últimos treinta años de maneras diferentes. Fue bueno aprender de cada uno.

Esta reunión nos dio una perspectiva general. Nos quedó clara la necesidad de profundizar en cada uno de estos sectores. Ciertamente en el campo de las artes, estuvimos de acuerdo en cuanto a la necesidad de agrupar a aquellas personas que han trabajado en este campo por mucho tiempo, así como a otros nuevos que quieran juntarse.

En el 2001, el Fondo de Artistas Cubanos acogió una reunión con cubanos y grupos que estaban trabajando en Cuba en ese momento. Y se dieron sugerencias sobre cómo fomentar las asociaciones y el intercambio. Muchos han usado esas sugerencias como su plan de trabajo en los últimos 15 años más o menos.

Pienso que es tiempo de ver hacia el futuro. Es tiempo de cambiar, revisar y re-analizar todo.

El video Black Sun, 2010, de Alexandre Arrechea, proyectado en el edificio NASDAQ en Times Square.
Cortesía de Times Square Arts

El aspecto más prominente de la gestión del Fondo de Artistas Cubanos ha sido el hecho de llevar artistas cubanos a los EE.UU. Por años, ha sido muy visible tu trabajo junto a  Times Square Partnership en proyectos como el video de Alexandre Arrechea sobre el edificio NASDAQ, instalaciones de Esterio Segura y Árles del Río. ¿Cómo las nuevas realidades afectan ese programa?

Eso continuará. Porque para mí lo atractivo es que son proyectos grandes. Afortunadamente podemos financiarlos. No hay muchas personas o instituciones que puedan gastar $100,000 para financiar un proyecto de arte público de esa magnitud. Hemos gastado cerca de $700,000 en los últimos siete años en los proyectos del Times Square.

Esas fueron las cosas en las que decidimos concentrarnos hace mucho tiempo, en vez de financiar proyectos pequeños. Tenemos un comité que revisa las propuestas y casualmente nos reunimos la semana pasada. Realmente se han presentado  proyectos muy buenos. Y vamos a tratar de hacer dos artistas al mismo tiempo. Estamos tratando de  calcular un presupuesto para eso.

Pero nuestro énfasis –e incluso estamos considerando un cambio de nombre, quizás- no será en artistas individuales. Más bien será en instituciones. Nos enfocaremos en la investigación, en las convocatorias. Porque ahora podemos hacerlo. Podemos asociarnos con grupos en Cuba de una forma más profunda y sustancial, y antes no podíamos hacerlo.

Eso es un cambio considerable.

Si. Eso es lo que queremos lograr.

De hecho, ya has comenzado. Coméntanos sobre el proyecto con la Fundación Ludwig.

Hay seis fundaciones legales, son ONG, y Ludwig es una de ellas. También la Fundación Antonio Nuñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, una organización de arte y medioambiental; la Fundación Alejo Carpentier; la Fundación Fernando Ortiz; la Caguayo Fundación para las Artes Monumentales y Aplicadas, que está en Santiago de Cuba; y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

Por tanto, hay seis entidades legales. Tienen estatutos y todo lo necesario. Fueron creadas hace 30 años y se subordinan al Ministerio de Cultura. En ocasiones,  sus dirigentes son los mismos fundadores, o algunos relacionados con ellos, los cuales son aprobados por el gobierno.

Es un comienzo. Estas son organizaciones con una historia, con proyectos que pueden ser financiados o que pudieran ser ampliados si tuvieran los recursos necesarios.

Adiós mi amor, 2012, de Esterio Segura en un pasaje cerca de Times Square en Nueva York
Foto: Nadia Witte por Times Square Arts

Esto puede parecer un poco técnico, pero cuando una fundación estadounidense  subsidia una entidad internacional, nuestro equipo legal busca una equivalencia en la sección 501(c)(3). Estas organizaciones deben cumplir todos estos parámetros de manera que puedan pasar la prueba de ser el equivalente de una de las de la sección 501(c)(3) de los Estados Unidos. Obviamente, si son legales y ya tiene una estructura creada tiene más oportunidades de clasificar que otras organizaciones no legales.

Es por eso que tratamos de comenzar con lo que ya está creado y ayudarles a financiar lo que están haciendo y proveerles más recursos y capacitación.

Has mencionado el término “infraestructura.” ¿En este contexto, que incluye eso?

Cuando se piensa en infraestructura, se piensa en edificios, campos en desarrollo, entrenamiento y todas esas cosas. Se trata de infraestructura física, mental, infraestructura de desarrollo individual, todo eso.

En términos generales, podría decirse que se necesitan hacer muchas cosas en todas estas áreas; ésto a su vez es un poco inconcebible en términos de cómo establecer prioridades, cómo usar recursos tan limitados. Sólo la preservación histórica es abundante. La calidad de la capacitación y el desarrollo humano, hasta cierto punto, los cubanos han estado más cerrados que el resto del mundo. Estamos hablando ahora de comenzar a conectarnos en gran escala a Internet y el mundo de la Web. Se necesita trabajar más en esto.

Además de tu trabajo con el Rockefeller Brothers Fund y el Fondo de Artistas Cubanos, desempeñas un papel activo en la administración cultural de Nueva York. Coméntanos sobre eso y cómo esto se relaciona con las actividades enfocadas en Cuba.

La Comisión Consultiva de Asuntos Culturales se encarga de aconsejar al Departamento de Asuntos Culturales de Nueva York. Es su consejo consultivo. Siempre ha estado ahí y soy el vice-presidente. Susana Torruella Leval (ex-directora de El Museo del Barrio) es la presidenta.

El Consejo Consultivo de Ciudadanos del Plan Cultural del Departamento de Asuntos Culturales es una nueva entidad creada como resultado de una resolución que se le pasó al Consejo de la Ciudad con el fin de crear un plan cultural para Nueva York para el 2017. Es un nuevo consejo. Nunca nos hemos reunido. El comisario del Departamento de Asuntos Culturales designa al presidente. Y (el comisario del departamento) Tom Finkelpearl me designó. El alcalde nombra a tres personas y cada presidente de los cinco boros de Nueva York nombra a tres individuos.

El comité se encarga de crear un plan cultural para Nueva York para el 2017. Ahora, estamos en el proceso de seleccionar al asesor. Vamos a asumir todo.

He estado de alguna forma involucrado porque, a través del Rockefeller Brothers Fund, hemos estado apoyando al proyecto de datos sobre la diversidad del Departamento de Asuntos Culturales. También hemos ayudado a Randy Bourscheidt (director del Archivo de la Política Cultural de Nueva York), quien está realizando un análisis sobre los diferentes comisarios culturales de Nueva York, sus gobiernos y metas. Comenzamos a trabajar en esto hace un año, antes que todo esto sucediera. Hemos obtenido valiosa información lo cual ayudará a informar lo que este comité hace.

Es una gran responsabilidad. Les ayudará a tomar las mejores decisiones, a establecer prioridades, a distribuir el presupuesto, toda clase de cosas.

A través las sliuetas de Nearness, 2014, por Arlés del Río. De la izquierda: Sherry Dobbin, directora de Times Square Arts; Ben Rodríguez-Cubenas; Arlés del Río; Tim Tompkins, presidente de Times Square Alliance; y Carlos Pomares, director ejecutivo de Cuban Artists Fund
Foto: Cuban Art News

Será realmente importante obtener información de los artistas, de la comunidad. Los asuntos han sido definidos por el alcalde Di Blasio y Tom Finkelpearl: diversidad, igualdad. Mi mayor preocupación es que Nueva York está cada vez más cara para que los artistas vivan y trabajen allí.

Esa es la paradoja: la comunidad creativa como la vanguardia del la gentrificación y también la víctima. El costo de las viviendas no es asequible ni para ellos ni para nadie.

Eso es difícil. Porque los inmobiliarios han causado esto. Uno trae a los artistas y los precios suben por las nubes. (Antes), si los artistas no podían financiar su estancia allí, teníamos otras alternativas de viviendas para ellos. Ya no tenemos eso. Estamos tratando de crear espacios permanentes. Nosotros [el Rockefeller Brothers Fund] financiamos un proyecto,  Artspace, allí en PS109, que se convirtió en estudios y viviendas para los artistas. Una insignificancia, en términos de la cantidad de personas. Se necesitan más proyectos.

Es realmente difícil ser artista en Nueva York. ¿Qué significa eso y cómo podemos revertir esa opinión? Obviamente, una de mis preocupaciones es la dimensión internacional y de qué forma Nueva York es aún un destino para artistas internacionales. Ellos aún quieren vivir y trabajar aquí. ¿Cómo haremos para que eso suceda? Una vez más, porque se está haciendo imposible hacer cosas aquí.

Es ahí donde nos relacionamos con Cuba. Cada semana, hay un puñado de artistas cubanos aquí queriendo trabajar, exponer aquí. Esa es la dimensión internacional de Nueva York que debe mantenerse.

Algunas personas piensan que los derechos humanos y los temas relacionados con la censura deben ser temas más discutidos en las reuniones Cuba-EE.UU. ¿Puedes comentar sobre ello? Cree que esto pueda poner fin a la filantropía?

La filantropía y la cooperación internacional pueden desempeñar un papel importante en el área de los derechos humanos, tal como ha sucedido en otros países, a través de sus roles mediáticos. Esto también lo pueden hacer el arte y la cultura. Los artistas pueden hacer comentarios sociales que realcen las preocupaciones sociales y ayuden a fomentar discusiones importantes.

Lo interesante es que Cuba ha tenido una extensa historia de arte de performance y los artistas han sido protagonistas de esta historia. Es claro de que las relaciones entre los artistas y el gobierno han sido muy difíciles. Sin embargo, durante décadas los artistas cubanos, a diferencia de otros,  han sacado a la luz temas importantes relacionados con la raza, la religión y las desigualdades. Esto está bien documentado en un reciente libro por Coco Fusco. [Dangerous Moves: Politics and Performance in Cuba.]

Creo que un entendimiento bien fundado de esta historia es decisivo para avanzar. Mi esperanza es que los artistas cubanos sigan alzando sus voces en las discusiones que están teniendo lugar ahora, que puedan ayudar a fomentar mayor tolerancia, diversidad y reconciliación. El arte mueve a la sociedad y al espíritu de un modo especial.