Ángel Ramírez, Su nube, 2008
Cortesía de ArtDistricts magazine

La Sexta Puerta, el estudio-taller de Ángel Ramírez, podría ser también una máquina del tiempo. O tal vez una clase de historia del arte. El propio artista podría servir de profesor, o dejar que sus obras hablaran de la conexión con el arte románico, y demostraran cómo en la historia hay muchos procesos que se repiten o que pueden utilizarse en diferentes contextos, aún con siglos de por medio.

En la tranquilidad forzada de su taller, dos grandes ventanas coloniales lo separan del bullicio de la calle Obispo. De ahí, precisamente ha tomado la esencia de los pregones, del refranero popular y el cotilleo de los cubanos para traducirlos luego en impresiones estéticas de cualquier formato. Obras que también se acercan y dan la mano a la literatura, porque para él la relación texto-imagen ha sido una constante precisa, un modo certero de combinar sensaciones y mezclarlas con el imaginario medieval que nunca abandona sus piezas y le ayuda a explicar el contexto de hoy y de aquí.

Ángel Ramírez, Llegas, preguntando por toda Cuba, 2014
Cortesía de Ángel Ramírez

Esos recursos estéticos se los ha dado el oficio de grabador, una técnica que estudió casi por casualidad -confiesa- pero que le ha servido como elemento de engarce entre toda su obra, pues ni siquiera la más novedosa tecnología puede sustituir el gusto por tocar la madera y el metal. “Mi obra pretende comunicar con un discurso interno que yo disfruto mientras lo construyo, pero sé que cuando lo termine puede caer en terrenos buenos o malos”, dice el artista a Cuban Art News.

Sus obras delinean el espacio simbólico de cada etapa de su vida. Así es posible identificar también grupos temáticos que definen la identidad, los procesos de la diáspora, el poder y la jerarquía. Pero en todas ellas resalta la figura del hombre y sus procesos sociales, traducidos en constantes artísticas y lanzados a la provocación del espectador mediante sugerentes títulos: Darla Kara (2004), Marchar unidos (2004), Todo está Kuadrao (2005), Paciencia mucha paciencia (2008), En su lugar descanse(2011), De noche y ciego, siego (2012). En muchas de ellas le vemos repetir matrices, ir del lienzo a la xilografía y de la escultura a la instalación en un viaje de extrema dedicación.

Ángel Ramírez, De noche y ciego, siego, 2012
Cortesía de ArtDistricts magazine

Kafé de la bodega (2002) fue la exposición que estableció -según la crítica- el momento de madurez en su carrera. Pero 13 años más tarde Ángel M. Ramírez (n. 1954, La Habana), quien posee una modestia inusual en el medio, todavía nos corrige que no es un artista consolidado.

¿Entonces en qué momento de tu carrera estás?

Ahora mismo, en uno muy sudado (risas). Trabajo hace muchos años y no creo que este sea mi momento de lanzarme y pensar en el futuro, sino de continuar creando y estar conforme conmigo mismo, que es lo que más me interesa.

Mi obra ha sido constante, pero he tenido épocas muy diferentes. En mi generación, cuando estudiábamos, no lo hacíamos para ser artistas, sino profesores de arte. Todos éramos profesores de profesores. Cuando me gradué empezó a funcionar eso del artista independiente, pero iba creciendo muy lentamente.

Ángel Ramírez, Sello de familia, 2012
Cortesía de ArtDistricts magazine

Pero el arte se ha movido mucho, antes funcionaba más por las bienales, que son instituciones puramente culturales. Ahora se mueve por las ferias, que son instituciones comerciales a las cuales concurren las galerías, no los artistas. Todo ha cambiado mucho. Me ha tocado estar en el medio, los que se han colocado con más facilidad son los artistas que han emergido en cada una de esas etapas.

Sin embargo, no podemos decir que tu obra haya estado limitada, la variedad de soportes que utilizas es una prueba de eso. ¿Prefieres alguno por encima de otro?

Ángel Ramírez, Sentar cabeza, 2004
Cortesía de Ángel Ramírez

Prefiero no aburrirme. No me gusta repetir, ni producir demasiado. Hay artistas que arman un modo de creación y lo producen infinitamente. Eso no es malo, es lo que funciona con el mercado. Pero yo no lo hago porque no me da placer. Sin embargo, vivo de mi creación y no me he muerto de hambre.

¿Qué te sucede entonces con las temáticas?

Las temáticas no varían demasiado, uno es uno mismo y en su contexto. Mi obra es casi periodística en ese sentido, pues me muevo mucho por lo que está pasando en el momento, lo que vivo y lo que ocurre a mí alrededor. Esa es la constante en la obra.

¿Cómo valora las nuevas tendencias en el arte contemporáneo?

Creo que uno no puede hacer de todo. Cada cual tiene su tiempo y su manera de abordar la creación. Esas nuevas tendencias tendrán que asentarse, y luego tendremos que decantar; aunque una cosa no elimina la otra porque en el mundo entero se sigue pintando, se sigue haciendo escultura y obras de todo tipo.

La fotografía no acabó con la pintura, el cine no acabó con el teatro, son cosas que se influencian unas a otras. Todo el mundo digital impacta en la pintura, por ejemplo, pero no deja de ser pintura. El arte es un medio de comunicación y cada cual se inventa su historia. Lo contemporáneo no es necesariamente lo que está pegado a la técnica. Con nuevos medios tú puedes construir un discurso viejo, o al revés.

Pero hay técnicas como el grabado, por ejemplo, que en ocasiones suelen ser tratadas con soslayo…

El grabado tiene que ver con una manera de pensar, con una forma de prever qué va a suceder. Y tiene también el incentivo de la sorpresa, porque al final ocurren cosas que tú no esperabas.

En la historia han existido diferentes razones para que se haga el grabado. Ahora mismo en Cuba se están haciendo obras en torno a él, pero que no son consideradas dentro del grabado, tal cual. Porque esa necesidad de la multiplicidad de la imagen no es muy importante ahora mismo para los cubanos.

También se utiliza mucho en el mundo hacer copias en grabado de obras que tienen mucho éxito, para que se vendan más baratas en el mercado. Pero eso en Cuba no es así, más bien es al contrario: si haces una imagen impresa tienes que lograr vender una edición completa para poder recuperar la inversión que haces cuando vendes solo un cuadro u otra obra.

Lo del grabado ya no tiene mucho sentido. La experimentación con la que abordaron el grabado los grandes artistas de la historia del arte, como Miró o Picasso, quienes jugaban con la técnica, ya eso pasó, queda muy poco por hacer en ese sentido.

Sin embargo, para mi trabajo el grabado sí fue una herramienta importante, porque él tiene otra parte que es la manualidad, el gusto por estar tocando la madera o el metal, y todo eso está en mi obra. Además el grabado te enseña a pintar, te organiza. Lo que ha pasado también es que muchos grabadores se quedan vendiendo la técnica, es decir, lo que se puede lograr con ella, y eso ya aburre.

Es lo que decía también del video y las nuevas tecnologías, que por muy nuevos que sean se puede llegar a aburrir con ellos si los limitamos al video por el video, o la fotografía por la fotografía. En el grabado hay mucho grabado por el grabado. El boom de los 90, con Belkis Ayón o Ibrahim Miranda está lejos de lo que se hace ahora mismo, aunque haya alguna que otra propuesta interesante.

Ángel Ramírez y Belkis Ayón, Dando y dando, 1997
Cortesía de Ángel Ramírez

Sin embargo, estos son tiempos de boom para el arte cubano, gracias al nuevo contexto social que vive el país. ¿Crees que adquiera tanta dimensión como para identificar a la Isla como epicentro del arte en la región?

Se hace arte muy bueno en América. Nosotros a veces nos creemos el ombligo del mundo, pero si contrastamos el arte cubano con el que se hace en Brasil, en Argentina, en México o en Colombia, veríamos que el nuestro está un poco desorientado y muy ocupado mirando hacia fuera, sin mirarse a sí mismo. Es por eso que salen cosas muy vacías, en el sentido de que los creadores no se miran a sí mismos, a la fuente inmediata que puede tener un artista.

La internacionalización del arte es un signo de estos tiempos. De todas formas, hay una buena producción de arte en Cuba y eso es innegable, sobre todo porque la gente tiene posibilidad de tener una buena formación. Además, ahora mismo Cuba es un boom y hay mucha curiosidad por venir y estar aquí antes de que cambien demasiado las cosas.

Y eso en buena medida gracias al mercado…

En Cuba no hay un mercado del arte, pero el mercado internacional impone ahora más que nunca las rutas a seguir. Muchos artistas jóvenes se orientan por esos paradigmas que marca el comercio, y solo piensan en lo que se lleva, en cómo hacerlo de manera tal que encaje en ese mercado internacional.

Ángel Ramírez, El siempre fue un poco loco, 2014
Cortesía de Ángel Ramírez

En Cuba se vive también el boom de los llamados estudios-galerías, los cuales permiten una mejor movilidad de las obras. ¿Podrían llegar a convertirse estos espacios en alguna especie de competencia para las galerías oficiales?

No sabría decir. En Cuba hay muchos artistas y estos espacios no dan abasto. Una galería seria puede representar a 20 o 25 artistas, pero si tomamos en cuenta que la mayoría de esos 20 o 25 artistas ya tienen una trayectoria al menos inicial, algún tipo de reconocimiento previo; pues no queda mucho por hacer para el montón de artistas que tiene que agenciárselas individualmente.

Eso es así en todo el mundo, lo que pasa es que aquí las galerías no son tan agresivas como para agarrar a un artista al punto de que este no pueda moverse si no es por medio de esa galería que lo representa. En Cuba los que están representados oficialmente también puede trabajar de manera independiente.

Aunque no hay un marco legal que establezca la creación de galerías privadas…

No, pero hay un espacio con el que no se mete nadie. Ya están apareciendo incluso espacios que no son gerenciados por los artistas sino por algún crítico o curador de manera independiente y que tiene un grupo de artistas. Por ejemplo, Factoría Habana es una galería dirigida y curada por una extranjera. Creo que eso es importante, porque un poquito de competencia no hace daño.

Muchos artistas cubanos ya exponían en los Estados Unidos antes del 17 de diciembre, y muchos interesados en el mundo del arte ya venían desde entonces a Cuba. No creo que a partir de ahora vaya a ocurrir nada espectacular. Pero hay algunos demasiado optimistas y otros excesivamente pesimistas, lo cual es ridículo, pues ciertamente hay una perspectiva de que nos movemos hacia adelante. En los noventa casi nadie sabía lo que iba a pasar, ahora por lo menos hay una perspectiva de movimiento progresivo.

Ángel Ramírez, Equibrilista, 2015
Cortesía de Ángel Ramírez