La apertura de Post-It 3 en la Galería Artis 718
Cortesía de Galería Artis 718

Este mes concluyó en cuatro galerías de la Habana la tercera edición de Post-It, un concurso con jurado, exhibición y venta de obras de artistas menores de 35 años. El historiador y crítico de arte Hamlet Fernández, profesor en la universidad de La Habana y galardonado del Premio Nacional Guy Pérez Cisneros en crítica de arte, analiza Post-It 3 como el punto de partida para un análisis sobre el arte cubano actual, y adonde se dirige.

Si tomamos como un referente confiable lo mostrado en la tercera edición de Post-it, la oferta estética de nuestros más jóvenes creadores resulta desoladora. Organizada por la empresa estatal Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) por tercera edición, la expo-venta con carácter competitivo solo está abierta para artistas menores de 35 años. Cuatro galerías de la capital: Galiano, Collage Habana, Arte-Facto y Artis 718, exhiben durante los meses de septiembre y octubre las obras seleccionadas por un jurado convocado a tal efecto.

Post-It

Aunque 166 creadores de todo el país respondieron a la convocatoria, y de ellos el comité de admisión seleccionó 48, se trata de un segmento de producción que no puede ser tomado por el todo. En una expo-venta con carácter competitivo es de suponer que los creadores más interesados en participar sean aquellos que no han logrado aún agenciarse un espacio en el mercado, ni en los circuitos de exhibiciones de mayor visibilidad. Sin embargo, lo visto en esta edición de Post-it -que dicho sea de paso no ha sido muy diferente a las dos anteriores- nos permite reflexionar sobre algunos aspectos que pueden ser generalizados como síntomas del campo artístico cubano actual.

Uno de esos aspectos es la manera en que los creadores cubanos están asumiendo su relación con el mercado del arte. El incentivo comercial ha sido tal vez una de las causas por el cual un mayor por ciento de las obras exhibidas sean bidimensionales, con una dominancia abrumadora de la pintura. ¿Se corresponde esto con un protagonismo real del medio pintura entre los jóvenes creadores, algo así como un nuevo boom de la pintura? O el predominio de lo pictórico se debe a una estrategia de inserción en un concurso expo venta? Es fácil entrever que la segunda suposición se corresponde más con la realidad.

Una vista de Post-It 3 en la Galería Galiano
Cortesía del Fondo cubano de bienes culturales

Lo alarmante no es que muchos de esos jóvenes hayan decidido probar suerte con una obra bidimensional, aún cuando sabemos que trabajan también con otros medios o procedimientos. Lo verdaderamente alarmante es la baja calidad de la inmensa mayoría de las propuestas. Abunda mucho cuadro inconsistente, tanto en términos puramente pictóricos, como de intencionalidad discursiva y proyección conceptual. Pintura sosa, a veces mal hecha, sin fuerza visual ni conceptual. Con excepción de algunos nombres: artistas a los que ya se les reconoce como pintores, con una obra en maduración pero con contornos ya definidos, parece que el resto opta por la pintura como estrategia comercial. La falta de destreza técnica y las carencias de ideas para hacer algo relevante con el medio contribuye a frustrar el éxito del tal empeño.

En tal carencia, la enseñanza artística tiene una clara responsabilidad. Quizás algunos de los creadores en competencia sean autodidactas, mas la inmensa mayoría provienen de las academias de nivel medio, e incluso del ISA. Si de manera general la pintura vista en Post-it es de dudosa calidad técnica y vaciada de sustancia cultural, eso quiere decir que la formación académica no está arrojando buenos resultados en ninguna de estas dos áreas. Ni aprenden el oficio técnico con rigor, ni desarrollan un oficio intelectual que les permita desarrollar un discurso estético con elaboración conceptual. El tema de la enseñanza artística, tanto de nivel medio como superior, está sometido a un debate impostergable, donde la actualización de los planes de estudio y la reconceptualización del tipo de creador que se quiere formar, sean problemáticas medulares.

En la apertura de Post-It 3 en la Galería Artis 718
Foto: Hamlet Fernández

En Post-it 3, la fotografía ha estado mejor representada, acorde con la proyección conceptual y escenográfica que es dominante en este minuto. Pero considero que entró muy poca obra fotográfica al evento, si pensamos, según lo visto en los últimos tiempos, en la cantidad y la calidad de lo mostrado en exposiciones tanto personales como colectivas. Lo objetual, escultórico o instalativo, introdujo pocas y tímidas representaciones. Algo parecido sucede con la video-creación. Las obras conceptuales, performáticas, o de índole más experimental, brillaron totalmente por su ausencia.

Uno se siente tentado a pensar que para nuestros más jóvenes creadores el imperativo del mercado se convierte a priori en autocensura, en falta de riesgo creativo, en timidez temática y crítica, o en una sola frase: en obediencia estética. ¿Pero en obediencia a quién? ¿Al mercado? ¿A la institución gestora? Pienso que se trata de obediencia tácita a un mercado de bajo perfil: el mercado de objetos estéticos que satisfacen necesidades decorativas.

Sabemos que por encima de ese rango hay otro nivel de mercado que sí sabe distinguir lo bueno de lo malo, la impostura estética, lo kitsch, de las búsquedas arriesgadas de nuevos horizontes de lo artístico. Apostar por el camino corto que desemboca en el mercado de souvenir, es un suicidio profesional. Y por su parte, al mercado serio hay que tentarlo con un discurso estético que aspire a ser artístico antes que vendible, no con objetos hechos para vender bajo la fachada de lo artístico.

Ante esta situación, las instituciones empeñadas en desarrollar estrategias promocionales con perfil comercial, léase Fondo Cubano de Bienes Culturales y su proyecto Post-it, deben asumir posturas más exigentes en cuanto a la admisión de obras. Una selección más rigurosa, basada en la calidad y no en la cantidad, evitaría que se afecte la imagen general de lo mostrado, y con ella la del arte cubano joven.

Es preferible hacer un certamen con 20 obras de calidad, que abarrotar cuatro galerías con objetos de dudosa eficacia artística. Así no sólo se ahorra un presupuesto que se puede emplear en mayor promoción y mercadotecnia, con miras a un mercado más exigente; también se le ahorra al público un gasto excesivo de tiempo y energía física.

Pienso que lo que sucede con la producción visual de los jóvenes -de cara al mercado- es síntoma de una dinámica más general que concierne y se expresa en el arte cubano contemporáneo. En la pasada Duodécima Bienal de La Habana, la actitud de un buen porciento de los artistas visuales del patio presenta ciertas semejanzas, aunque a otra escala, con el fenómeno que nos ha permitido apreciar la más reciente edición de Post-it.

Una vista de Post-It 3 en la Galería Artis 718
Cortesía de Galería Artis 718

Ya es un hecho consumado, avalado por los eventos de las últimas tres o cuatro ediciones, que la Bienal para los artistas del patio ha dejado de ser un evento en el que se debe exhibir lo más novedoso, arriesgado y experimental en términos de ampliación de lo que se puede proponer y experimentar como discurso artístico. Y ha pasado a ser un contexto propicio, jugoso, para vender al por mayor.

Zona Franca, en el Complejo Morro Cabaña, no se ha comportado, en ninguna de sus dos ediciones, como una muestra panorámica de lo más novedoso, valioso y experimental del arte cubano contemporáneo. Mas bien como una vitrina inundada, abarrotada hasta el caos y la fatiga, de objetos hechos para el mercado –con sus honrosas excepciones, claro está. No creo que se pueda decir algo diferente de los numerosos Open Studio que se hicieron por toda la ciudad.

Tampoco es novedad, ni es algo que escandalice a nadie, que el arte cubano ha ido ferializando paulatinamente a La Bienal de La Habana. Hay varias causas, por supuesto. La primera de ellas es que lo que se considera muestra oficial del evento cada vez es más débil en términos expositivos, cada vez más difusa, más difícil de apreciar, por la cantidad de acciones efímeras y desperdigadas por toda la ciudad que se realizan. Un buen número de los artistas extranjeros invitados por los curadores del evento son totalmente desconocidos, incluso en sus países de orígenes; y en muchos casos sus propuestas carecen de atractivo para el público cubano y los coleccionistas y curadores extranjeros que nos visitan. Por tanto, la producción cubana que pulula por toda la ciudad se convierte en el principal atractivo cultural, en el gran mercado de adquisición para los turistas de ocasión.

Una vista de Post-It 3 en la Galería Galiano
Foto: Hamlet Fernández

Si la gestión de la mayoría de las galerías comerciales del Estado es ineficiente, si prácticamente no cuentan con presupuesto para asistir con sus nóminas a las principales ferias del mundo, si la pujante iniciativa privada en el terreno de la exhibición y la comercialización no acaba de ser legalizada, es lógico, y totalmente comprensible, que el mes de Bienal se convierta en la gran oportunidad para chocar con un mercado que permanece cerrado casi todo el tiempo para la mayoría de los artistas cubanos. Cómo entonces asombrarnos si esta manera de abrirse con ansiedad al mercado, a costa del rigor creativo, se replica y expresa en eventos más modestos, como puede ser una expo-venta competitiva estilo Post-it.

Estas apreciaciones críticas no conducen a una satanización del mercado. Sucede que el arte cubano se relaciona de manera poco rigurosa con un mercado de bajo perfil, en circunstancias en las que debieran primar standares de calidad, especialmente en eventos que se convierten en vitrinas porque muestran un panorama general de la salud de la producción nacional.

El problema estructural de fondo parece ser un desequilibro en el funcionamiento interno del campo artístico nacional. El mercado debe ser un subcampo que funcione de manera interrelacionada con el resto de los subcampos. Mas en Cuba, el mercado doméstico es prácticamente inexistente -con la excepción de un débil coleccionismo institucional- lo que hace dependiente la dinámica productiva de las demandas de un mercado foráneo.

Una vista de Post-It 3 en la Galería Galiano
Foto: Hamlet Fernández

Ese mercado foráneo es de difícil acceso. Por tanto, cuando el mercado mira hacia Cuba, como sucede en contextos como el que genera la Bienal, la producción que no se ha vendido en años debe ser exorcizada en menos de un mes.

Con el boom de turismo que planifica -sobre todo de vecinos del norte- ese desequilibrio que ha afectado al campo del arte cubano desde que despertó al mercado en la década del noventa del pasado siglo, quizás pueda encontrar una compensación. O quizás se pueda enraizar aún más esa tendencia de complacencia estética hacia un mercado pedestre que se expresa en el arte cubano de este minuto.

Esa apoteosis mercantil que se avizora puede inundar de dinero al gremio de artistas y demás personal implicado en esa gestión, pero puede inundar también de mediocridad estética, de inconsistencia conceptual, de indiferencia política y de falta de compromiso cultural e histórico a las artes visuales cubanas. A la larga, ese comportamiento puede terminar por socavar el propio interés del mercado hacia el arte cubano, si venciera la vocación mercantilista por encima de la creación que no se subordina al mercado.

El peso que incline la balanza dependerá de los creadores, de la gestión de la institucionalidad estatal y privada, así como de todos los profesionales implicados en las dinámicas del campo artístico.