Gustavo Pérez Monzón con su instalación Vilos, 1981/2015
Foto: Pericles Lavat, cortesía de CIFO Cisneros Fontanals Art Foundation

Habana y el arte cubano han redescubierto a un artista que décadas atrás se volvió un mito: Gustavo Pérez Monzón. Las salas del Museo Nacional de Bellas Artes acogen una exposición del artista de los años 80, a partir de obras de la colección Cisneros-Fontanals. La curadora Elsa Vega y el reconocido artista René Francisco Rodríguez entrevistaron a Pérez Monzón para el catálogo de la muestra, y accedieron a compartir con Cuban Art News un fragmento de la misma, en dos partes.

A través de los años se ha hablado de ti como un mito, alguien que abandonó su carrera artística para dedicarse –como algunos han mencionado– a la carrera de la vida. Este “desánimo” artístico, por llamarlo de alguna manera, sobrevino precisamente en el momento de mayor plenitud creadora cuando contabas con una producción extensa y sumamente reconocida.  ¿Qué te motivó a tomar esa decisión?

Mi amigo Leandro Soto sostuvo durante mucho tiempo que en mi viaje a la Bienal de París había dejado el “cuerpo de ensueño”1 atrapado en algún lugar, y eso manifestaba mi desapasionamiento por el mundo de la producción artística. Otros creen encontrar en mi confrontación con la obra de Sol Lewitt la causa de este alejamiento, en un período en que posiblemente me encontraba en un buen momento creativo.

Por supuesto que las confrontaciones siempre afectan. Ver originales, por primera vez, de Sol Lewitt y de muchos otros artistas a los cuales uno admiraba resultó conmovedor, pero no creo que sea suficiente para dejar de hacer obra.

¿Cómo era el contexto artístico-pedagógico en el cual te desarrollaste?

Desde los 11 y hasta los 19 años estuve en internados aprendiendo arte. Ese tiempo de estudiante, más que todo, me enseñó a ser independiente, a desarrollar vínculos sociales y a relacionarme con personas afines. Esos años significaron interminables esfuerzos de aprendizaje sobre la creencia picassiana de que primero era necesario “aprender”, para luego iniciar un camino propio, precisamente negando lo aprendido.

Gustavo Pérez Monzón, Sín titulo, ca. 1979
Foto: Rodolfo Martínez, cortesía de CIFO Cisneros Fontanals Art Foundation

Mis maestros de escuela provenían de la herencia de Servando Cabrera Moreno, y en cierta medida también de una narrativa menos figurativa aportada por Antonia Eiríz y el grupo de Los Once.

Mi generación estaba muy enfocada en el cine, la música y los libros. Me gustaba leer sobre arte, filosofía, y temas esotéricos. Aunque en aquel tiempo era difícil encontrar buenos libros publicados fuera de Cuba, por nuestras manos circularon muchos títulos interesantes. Leíamos mucho y estábamos al tanto de las novedades.

Una mezcla de antropología, arqueología, pensamiento político, mística y ocultismo expandieron nuestras mentes en lo privado. Los libros de Carlos Castaneda, La rama dorada de Frazer, el arte latinoamericano, lo afrocubano, la idea de revolución, el pensamiento de José Martí y Bolívar; así como las ideas esotéricas, las lecturas de tarot y todo lo relacionado con el arte povera, el arte tierra, el conceptualismo y el minimalismo, matizaron aquellos días de encuentros.

¿Por qué elegiste la abstracción y no te dejaste seducir por la corriente figurativa afirmativa de lo político-cubano?

Al inicio estuve, como muchos, probando varios caminos. La espiritualidad en la obra de Rothko, su ausencia de narrativa y posteriormente las pequeñas obras de Raúl Milián, me inspiraron profundamente. Luna llena, mi primera exposición, con Ricardo Brey estaba impregnada del espíritu de su obra. Aunque estas piezas las realicé con papel plateado, mucho de ese “sufrimiento” que resulta evidente cuando las vemos se lo deben a Milián. También la manera en que ellas están delimitadas, en que trabajé la tinta y el acabado de sus bordes, las conecta directamente con la estética de Milián.

Gustavo Pérez Monzón, Sín titulo, 1979
Foto: Rodolfo Martínez, cortesía de CIFO Cisneros Fontanals Art Foundation

¿Cuáles fueron los artistas conceptuales de los 60-70 que influyeron en tu obra?

Hubo muchas y diversas influencias. Principalmente movimientos como el arte povera, el land art y el minimalismo. Artistas como Richard Long, Carl André, Sol Lewitt, fueron importantes referentes para mi trabajo. La propuesta de que todos los materiales son materiales del arte llamó poderosamente mi atención, así como el replanteo de los soportes artísticos. Y sobre todo, el componente intelectual que introdujo el conceptualismo en el arte.

Con la exposición Volumen Uno en 1981 se dio a conocer un primer grupo de artistas que incorporó nuevos imaginarios simbólicos para el arte en Cuba. Nombres como los de Juan Francisco Elso, Ricardo Brey, Flavio Garciandía, José Bedia, Rubén Torres Llorca, José Manuel Fors, Tomás Sánchez, Leandro Soto, y el tuyo, marcaron una manera diferente de ver y hacer el arte. Según la crítica especializada, Volumen Uno definió el nacimiento del nuevo arte cubano. ¿Protagonista activo de aquellos acontecimientos, qué sientes cuando lo recuerdas?

La exposición Volumen Uno fue significativa por el contexto, por lo que planteaba, por lo cansados que estábamos todos del tipo de obra que se hacía hasta ese momento y por las nuevas direcciones que abrió.

En el contexto de la muestra se suscitó un encuentro con el público y algunos artistas de otras generaciones se quejaron de poca seriedad en nuestra propuesta. La supuesta falta de formalidad o sensatez se debía a que, por ejemplo, yo había improvisado unos dibujos en el piso, hechos con tape. Por otro lado, conjuntamente con Bedia, redibujamos la escalera de tijeras que usamos en la exposición y la instalamos en una pared, integrándola al montaje. Colocamos también en el techo unas nubes que hicimos con algodón, que habíamos comprado en la farmacia de enfrente de la galería. Disfrutábamos la ligereza.

Si bien existieron otras exposiciones igualmente importantes en ese período, la que trascendió fue Volumen Uno por sus confrontaciones contextuales. Aunque local, Volumen Uno fue un fenómeno de discusión artística y estética.

Gustavo Pérez Monzón, Sín titulo, 1986
Foto: Rodolfo Martínez, cortesía de CIFO Cisneros Fontanals Art Foundation

De las fotografías donde apareces compartiendo con artistas de tu generación, emana una fuerte ética de la amistad entre ustedes. ¿Estos encuentros eran puramente festivos? ¿Continúas cultivando esa relación con algunos de estos artistas?

Nuestra generación se nutrió de su diversidad. Tal vez ese fue su rasgo más fuerte y distintivo. Modernistas como fuimos, cada uno espontáneamente se definió en direcciones diferentes. En un principio, esa diversidad tolerada permeaba el grupo y permitía que viviéramos un espacio protegido de crecimiento, en medio de un ambiente social estrecho.

Juntos pudimos entusiasmarnos y planear eventos y exposiciones: el Festival de la pieza corta (1980), Volumen Uno (1981), Sano y sabroso (1981), encuentros y fiestas de mucha animación. El Festival de la pieza corta, del cual poco se ha hablado, fue el nombre que le dimos a un evento que realizamos en una casa en La Veneciana, al final de las Playas del Este, de La Habana. Lo denominamos así, porque en aquel tiempo no queríamos hablar de performance; y en consonancia con nuestra intención, Leandro sugirió utilizar el término acción plástica.

Gustavo Pérez Monzón, Sín titulo, 1987
Foto: Rodolfo Martínez, cortesía de CIFO Cisneros Fontanals Art Foundation

Fueron tiempos divertidos de mucha cercanía, la pasábamos muy bien juntos. Pasados unos años ya no fue así. Después de Sano y sabroso nada fue igual. Intentamos planear una segunda versión de Volumen Uno, pero no fue posible. Ya éramos, tal vez, demasiado centrados en nuestras diferencias como para poder juntarnos emocionalmente.

Próximo: Pérez Monzón sobre arte y matemáticas, su relación con Ana Mendieta, y su exposición en La Habana.

Gustavo Pérez Monzón: Tramas corre hasta el 24 agosto en el Museo Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana.

Versión editada de la entrevista «La vida es un dos por tres. Conversación con Gustavo Pérez Monzón», publicada íntegra en el catálogo producido por CIFO Cisneros Fontanals Foundation, a propósito de la exposición «Gustavo Pérez Monzón: Tramas», Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 23 de mayo-24 de agosto, 2015. Con introducción de Ella Fontanals Cisneros, en dicha publicación también aparecen ensayos de Néstor Diaz de Villegas y de Corina Matamoros, imágenes de todas las obras en exhibición, y una sección con fotos de archivo.

ISBN: 978-0-9831692-5-3

©2015 CIFO Fontanals Arts Foundation; los autores y el artista