Rigoberto Díaz, 669,6 Kg (Peso bruto)
Cortesía de rigobertodiazmartinez.blogspot.com

La Utilidad de la Historia es una estimulante exhibición de artistas emergentes y otros clásicos, a cura de Concha Fontenla y Alejandro Machado, en la Factoría Habana hasta el 15 diciembre. Aunque el co-curador Alejandro Machado insiste en afirmar que no es una exposición dedicada a examinar el impacto de acontecimientos y figuras trascendentales en el imaginario colectivo y el devenir de la nación cubana, las obras que la integran se orientan inevitablemente en esa dirección.

Desde la reconstrucción de la circunstancias en que fue asesinado el patriarca mambí Ignacio Agramonte hasta la evocación del pensamiento de Fernando Ortiz sobre la cubanidad, pasando por la compilación de los nombres de algunos de los presidentes del país durante la llamada “neo república” y el período de transición revolucionaria a inicios de la década de 1960, o la recolección de imágenes icónicas de la épica socialista, la muestra que se inauguró a finales de septiembre en Factoría Habana hace referencia a procesos vitales en la formación de la “conciencia histórica” en la Isla.

La frase entre comillas que da nombre a la muestra pertenece a un artículo de Premio Nacional de Ciencias Sociales Oscar Zanetti, conocido por sus estudios monumentales sobre el desarrollo de la industria azucarera en Cuba y por sus reflexiones sobre la investigación historiográfica. El texto “Acerca de los usos y la utilidad de la historia” publicado en 2009 por La Gaceta de Cuba, constituye la columna vertebradora de la exposición, y el elemento de mayor peso para guiar la lectura del conjunto.

Cortesía de habanacultural.ohc.cu

El ensayo aparece citado en dos ocasiones en las paredes de la galería, al principio y al final de la muestra. Zanetti discurre sobre la función social de la historia, entiende que el conocimiento del pasado posee un “valor indiscutible” y que resulta “consustancial a la vida humana”. Alejandro Machado encontró en esta reflexión “el cuerpo que necesitaba para redondear el discurso de la muestra que venía trabajando”, un proyecto dedicado a demostrar cómo artistas de distintas promociones sustentan sus obras en largos y detallados procesos de investigación.

“La mayoría de las piezas que conforman la muestra parten de determinada documentación histórica o tienen como referencia algún hecho histórico”, explica el curador. Es precisamente de esta forma en la que la exposición, aun sin pretenderlo, se convierte en un catálogo de hitos, de símbolos y estereotipos que han marcado el desarrollo de la nación cubana en distintas etapas.

Si bien está presente aquí el interés por aproximar al espectador a la Historia con “H” mayúscula, a partir de la inclusión de piezas como “Diario”, de Frank Mujica (hace referencia a la historia del arte con énfasis en su componente estético), en La utilidad… predomina la mirada hacia el contexto local. Y con ella, la reflexión crítica sobre las bases en las que han sostenido en el país en los diferentes procesos políticos, las pugnas ideológicas y las nociones de identidad cultural.

En estos acercamientos predomina el deseo de los artistas por desmontar los conceptos de héroe y heroicidad, presentes en la mayoría de los relatos sobre las gestas independentistas en Cuba y sobre la Revolución, después de 1959. Del mismo modo, está presente la intención de revelar pasajes poco conocidos de la historia nacional, o la impronta de personajes que han permanecido en el trasfondo o al margen de las grandes biografías y macrorrelatos.

Ariana Contino, de la serie «Romance»
Cortesía de cubarte.cult.cu

Ariana Contino aporta a esta exposición la serie de retratos “Romance”, cuyo objetivo es poner en relieve la vida y el carácter de mujeres que estuvieron vinculadas a José Martí, el Apóstol de Cuba. Las relaciones del patriota cubano con su madre, hermanas y esposa, así como con la niña María Mantilla, estuvieron permeadas por las circunstancias del destierro, la prisión, las amenazas de muerte y la entrega incondicional y fervorosa del Maestro a la lucha por la independencia de Cuba del dominio español en el siglo XIX. Con un despliegue exquisito de la técnica del calado en papel y cartulina, la creadora referencia una de las aristas más polémicas de la vida del mártir y se hace eco de una generación que busca identificarse con sus próceres en una dimensión menos grandilocuente que la de las hazañas.

Vista de la exposición con obras por José Manuel Mesías sobre el muerte en combate del Mayor General Ignacio Agramonte en 1873.
Cortesía de José Manuel Mesías

Otro tanto corresponde a José Manuel Mesías. El artista utiliza como pretexto la narración del episodio de la muerte en combate del Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte, para referir las diferentes interpretaciones que puede tener un mismo hecho histórico. Existen varias versiones sobre la caída en combate del camagüeyano el 11 de mayo de 1873, alentadas fundamentalmente por un cambio súbito en la estrategia de enfrentamiento a las fuerzas españolas en el potrero de Jimaguayú, al Oriente de la Isla.

José Manuel Mesías, Sombrero, 1873
Cortesía de José Manuel Mesías

Pero un dato que aparece invariablemente cuando se hace mención a este suceso es la herida de bala que recibió el joven de 32 años en la sien derecha. Sobre este elemento hace énfasis Mesías en su obra, muestra -con un montaje en vitrina semejante a las usadas por los museos históricos- el supuesto sombrero llevaba puesto el jefe militar en el momento fatídico, un objeto del cual no se han tenido noticias hasta hoy. El artista falsea el hecho y demuestra abiertamente que lo ha concebido así. Presenta el sombrero agujereado dentro de una vitrina, también atravesada por un disparo de bala. Machado explica que esta “es una obra que se arma (literalmente) sobre la descripción escrita de un episodio realizada por historiadores, y del cual no existe documentación gráfica, es decir, que eso que se consume como un objeto histórico, en realidad es algo construido totalmente.”

“Mesa del Consejo de Ministros, Museo de la Revolución”, 2012, de la serie “Anverso”, de Rigoberto Díaz, se encuentra dentro del grupo de obras de esta exposición que hurga en los resquicios menos conocidos de la historia del país. Su trabajo reproduce a gran escala la superficie inversa de la mesa que perteneció al Consejo de Ministros de Cuba entre 1920 y 1965. El artista fotografió varias imágenes tomadas desde abajo de este objeto, que se exhibe en el antiguo Palacio Presidencial, y los combinó al estilo del collage.

Rigoberto Díaz, Mesa del Consejo de Ministros, Museo de la Revolución,  2012, de la serie Anverso 
Cortesía de Galería Habana

De modo que la mesa -testigo mudo de la historia de la isla- no se presenta en su aspecto real, sino modificada intencionalmente. Al anexar a la pieza un listado de los presidentes que gobernaron en el período, Díaz nos propone pensar en grandes paradojas de la historia: los primeros presidentes de la república después de 1959 rigieron en torno a la misma mesa, en torno al mismo símbolo de poder, que su adversario Fulgencio Batista y otros mandatarios corruptos.

El empleo del documento histórico como fuente primaria para las obras o como parte de ellas distingue definitivamente a la muestra de Factoría Habana. 699,6 Kg (Peso bruto) del propio Rigoberto Díaz, ilustra con claridad esta estrategia de apropiación y modificación de las fuentes documentales por un grupo de creadores de la más reciente generación. Esta obra fue concebida como una intervención en el archivo de la revista Revolución y Cultura, en la cual el artista manifiesta su preocupación ante la obsolescencia de mecanismos e instituciones tradicionales que trabajan con la información y el conocimiento.

Las tres grandes fotografías que muestran los estantes del almacén de la revista están intervenidas con tinta de plumón, para señalar el peso de los materiales que allí se guardan. En su statement, el creador aclara que al “obtener la masa corporal de un espacio” propone “ver la información como peso de alguna idea o pensamiento” y crear una imagen que contenga a la vez el peso visual y el simbólico.

Este trabajo en bibliotecas y almacenes, midiendo los niveles de humedad, el polvo, la masa, la longitud y el volumen de los objetos y los espacios, intentando reflexionar sobre los procesos de producción cultural y de construcción de saberes, que atraviesa casi toda la producción de este joven creador, se conecta en buena medida con la pieza de Ricardo Elías, cuya obra artística también ha sido tenida en cuenta para la exposición. El trabajo “La historia me absolverá” exhibe en braille un fragmento del famoso discurso del mismo título, pronunciado por Fidel Castro después del asalto al Cuartel Moncada en 1953.

Ricardo Elías, detalle de La historia me absolverá 
Cortesía de la Bienal de Cuenca

El alegato de defensa del líder cubano que se considera el primer documento programático de la Revolución, se “traduce” para esta obra, llamando la atención sobre las promesas de inclusión social propugnadas por el grupo que asumió el poder en 1959. En La utilidad de la historia esta pieza, que ha sido mostrada con anterioridad en otros espacios, se presenta junto con el material que le dio origen: una voluminosa edición del discurso, que permite hacer nuevas lecturas de la pieza.

Busto de Karl Marx por Lázaro Saavedra en la Bienal de Venecia en 2013, como parte de la serie «Solidificando lo que se desvanece en el aire». 1987–2013.
Cortesía de Universes in Universe

Según Lázaro Saavedra, el busto de Marx en su instalación fue realizado por el escultor Gabriel Cisneros en el 2013 basado en una idea e imagen de Saavedra de 1987 para su instalación “Solidificando lo que se desvanece en el aire”, que se presentó en el pabellón de Cuba en la Bienal de Venecia del 2013. La pieza consiste en la combinación de la escultura con una fotografía realizada con una cámara al monitor de la computadora e impresa en papel. Debajo, un fragmento del 18 Brumario de Luis Bonaparte dialoga directamente con el eje de la exposición: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre albedrío”.

Al incluir a artistas de otras generaciones, entre quienes se encuentran además José Ángel Toirac y Abel Barroso, los organizadores de la exposición quieren destacar otro aspecto singular de esas “miradas al pasado” que caracteriza a la nueva generación de artistas de la plástica. Machado destaca “la importancia que tiene para este grupo de jóvenes artistas beber de sus referentes más inmediatos, específicamente a las generaciones anteriores de los 80 y 90 en Cuba, que han dejado una huella incuestionable en la historia más reciente del arte cubano”.

La utilidad de la historia evidencia, sin embargo, un reciclaje demasiado prematuro en la producción de algunos de estos jóvenes creadores. Así ocurre con Alex Hernández, quien hace muy poco mostró en la Galería Galiano la obra “Testigos”, con el título de “Patrones”. El conjunto de retratos con rostros típicos de la publicidad norteamericana de los años 50 se articula con un video educativo realizado para estudiantes norteamericanos en la misma época, que resulta interesante y hasta cómico, por estar preñado de estereotipos sobre la realidad de Cuba.

Algunas de estas piezas han sido exhibidas en exposiciones colectivas como Tócate (Galería Habana, 2012), uno de los escenarios donde se hizo palpable también la inclinación de los artistas emergentes por la indagación histórica.

Tanto en aquella muestra como en la que ocupa las dos plantas de Factoría Habana en este momento, el denominador común es la compulsión por desvelar, con los procedimientos propios del arte, el detalle íntimo, el hecho insólito o el ángulo más problémico de la historia publicada.

La exposición se extiende hasta el 15 diciembre en Factoría Habana.