Vista de la exposición The Spaces Between. A la izquierda, fotos de Juan Carlos Alom, y al fondo una instalación de Celia y Yunior.
Foto por Michael R. Barrick, cortesía de Belkin Art Gallery

En la anterior charla con Tonel (Antonio Eligio Fernández), conversamos sobre Espacios Intermedios, la muestra en Vancouver que él ha co-curado. En esta parte, miramos de manera más amplia hacia el arte cubano, sus interacciones con el contexto global y los desafíos del futuro.

¿Cómo describiría el panorama creativo en La Habana? Qué ha cambiado, digamos, en los últimos cinco años?

La Habana artística ha sido durante mucho tiempo y es todavía hoy una ciudad abierta, con una escena vital, desarrollada en paralelo —aunque casi nunca de espaldas— a los procesos que tienen lugar en otras latitudes. Prueba de ello es la sintonía apreciable entre segmentos de mucho peso en el arte habanero —representados en Espacios intermedios… por artistas de varias generaciones— y las poéticas del arte favorecido en los circuitos globales, algo que se debe tanto al acceso a la información como a los intercambios y a las coincidencias.

El artista y curador Tonel (Antonio Eligio Fernández)

A nivel del arte, en esta ciudad, la actitud de apertura va siempre acompañada de una sensación más o menos acentuada de aislamiento. Por otra parte, mi experiencia personal me dice que en el ámbito cultural habanero convergen cualidades cosmopolitas junto a resabios provincianos; no creo que esto haya cambiado mucho en años recientes. Muchos de los establecidos durante los últimos años trabajan con el tiento del arqueólogo: conservan y aprovechan los cimientos y la estructura de cuanto ha quedado en pie, a partir de los sucesivos escenarios construidos y abandonados en La Habana durante las últimas décadas. A la vista del presente, sería aconsejable referirse a una renovación acumulativa, ajena a los vuelcos espectaculares.

Es positivo que, de algún modo, se mantenga viva la energía que dió impulso al arte cubano, al menos desde el arranque de la tradición moderna, en las primeras décadas del siglo XX. Históricamente, ese impulso ayudó a equilibrar las prioridades, a compensar la atracción intensa hacia fuentes vernáculas con la fascinación por lo que acontece en el arte y la cultura fuera de las fronteras nacionales.

En general, cuando pienso en aspectos que podrían resultar preocupantes o negativos, lo más acuciante parece ser la manera en que la crisis del “período especial” y sus secuelas han afectado la calidad del sistema de enseñanza del arte.

Lo digo sin ignorar los disímiles proyectos pedagógicos que han sido cruciales en décadas recientes; tampoco desestimo el aporte importantísimo de quienes se han mantenido por años en las diferentes cátedras, en todas las escuelas. Pero según entiendo, un número importante de artistas y teóricos no pueden o no desean comprometerse con dar clases de manera sistemática; las razones son muchas y casi siempre muy comprensibles.

También sucede, al parecer, que muchos estudiantes, desde temprano en el proceso de formación, enfocan sus energías hacia oportunidades situadas más allá del ámbito académico. Mi conocimiento del tema no se basa en la experiencia directa del presente (mis contactos con la enseñanza son hoy remotos: estuve vinculado con el ISA de varios modos desde 1980, siendo todavía estudiante de historia del arte; durante diez años 1987 – 1997 fui tutor de tesis de grado en la Facultad de Artes Plásticas) sino en mis diálogos continuos con varios actores, desde artistas graduados en los últimos años de ese sistema, hasta otros que son o han sido profesores en el ISA y la Academia San Alejandro. Pienso que en el área de la enseñanza, como en otras, la evolución de la sociedad continuará dictando el ritmo de los cambios, sea para bien o para mal. Y por supuesto, muchas veces con consecuencias impredecibles.

Tonel, For a Constructive Radio, 1989/2013
Cortesía Tonel y Belkin Art Gallery

¿En mirada retrospectiva, existe alguna manera de concebir el destino del arte cubano desde los años 70 hasta el presente, que pueda ofrecernos lecciones valiosas?

Con la ventaja que da mirar desde el presente, prefiero imaginarme el proceso de fines de los setentas y hasta hoy, no como un camino o una trayectoria [“a path”, según la pregunta en inglés] sino como un campo de círculos concéntricos a cuyo entorno se han ido integrando, cual sedimentos, obras y artistas de diferentes tendencias y grupos generacionales. Esa estructura espacial imaginaria, de círculos que van ampliándose, podría servir de esquema alternativo al simplismo de los desarrollos en línea, unidireccionales —desde los llamados “ochentas” a los “noventas” y luego a los acontecimientos y actores recientes, después del año 2001. Visto de este modo, podría concebirse una posible cronología del arte cubano donde cada segmento se moldea como espiral, y se suma a un proceso de crecimiento informado por transformaciones constantes, influido por su antes y su después.

¿Cómo contempla el arte cubano en el contexto del arte internacional? ¿Cómo contribuye el mismo al discurso creativo presente? ¿Qué le gustaría sucediese en el arte cubano, en la isla y el mundo, en los próximos cinco años?

Si la Bienal de La Habana encarna, desde su fundación en 1984, el modo más eficiente en la interacción del arte hecho en Cuba con el mundo exterior, a partir de los años noventa las relaciones con lo foráneo se han visto matizadas por más de un cambio histórico. Desde la década final del siglo XX, Cuba y sus artistas debieron aprender a lidiar, sobre la marcha, con las implicaciones no siempre placenteras de actuar en el mundo “post-socialista”, y de la “post-guerra fría.”

Sabemos que las promociones de los años 80, ensalzadas como protagonistas del “nuevo arte”, decidieron como norma emigrar, y establecerse sobre todo en Estados Unidos. Los artistas de los noventas —no importa donde se localice su residencia principal— han mantenido en su mayoría lazos muy estrechos con la escena artística y las instituciones cubanas.

Las generaciones más jóvenes, del 2000 al presente, han aprendido sin dudas, luego de observar la trayectoria de artistas como Los Carpinteros, Carlos Garaicoa, José A.Toirac, Tania Bruguera, Kcho, Abel Barroso, Sandra Ramos— que posiblemente sus obras serán percibidas por un público global. Y saben también, por la experiencia de esos colegas algo mayores, que en esa recepción influirá, antes o después, el cordón umbilical que les vincula con la matriz cubana.

De ahí que en una u otra medida, la mayoría de los artistas que arribaron a la escena habanera del siglo XXI, y que mantienen una presencia internacional sostenida —pensamos en Yoan Capote, Iván Capote, Wilfredo Prieto, Glenda León, Duvier del Dago, entre otros— cultivan un vínculo profesional, a veces muy activo, con espacios y eventos en La Habana. De otra parte, las experiencias actuales de los artistas habaneros se ven condicionadas por el ascenso en importancia y la influencia creciente del fenómeno reconocido como “glocal” (la fusión de lo global y lo local) y sus consecuencias, sobre todo la llamada “glocalización” de la cultura planetaria.

Esta realidad presenta interrogantes dignas de mayor atención: ¿cómo se integrará o se subordinará el arte de la isla a la glocalización cultural propiciada por la mundialización capitalista? ¿Qué tipo de equilibrio podrá alcanzarse en este sentido al adentrarnos en el siglo veintiuno? La situación globalizada -de la cual participa hoy en cierta medida el arte cubano- se caracteriza por la correspondencia entre los movimientos de capital y la apertura de mercados en la economía en general, y el movimiento paralelo de artistas y obras sobre las fronteras de ese mismo mundo que el capital conecta y hace cada vez más interdependiente. En el caso de Cuba, es obvio que algunos artistas —siempre con su presencia en la Bienal de La Habana como un epígrafe biográfico imprescindible— han logrado integrar sus obras a estos circuitos. Es de esperar que la posibilidad de participar en la economía global del arte continúe abierta a los cubanos, y se expanda en el futuro.

Tonel, Me visto de negro, 2008
Cortesía Tonel y Belkin Art Gallery

Miremos hacia Tonel artista. Comenzastes el 2013 con una muestra personal en Factoría Habana. ¿Qué aportará el 2014 a la creación y exhibición de tu obra?

Trabajo en una instalación que presentaré en la VIII Bienal de Berlín, en mayo próximo. Es una obra que incluye decenas de obras sobre papel (dibujos y grabados), elementos escultóricos, varios libros de artista, y sonido y está diseñada para una habitación de aproximadamente 10 x 5 metros. Los libros cuentan cada uno con su propia banda sonora: es música electrónica que creo en colaboración con Bob Turner, amigo y músico canadiense. Los espectadores podrán escuchar el sonido al visitar la instalación.

El título provisional de la obra es “Comercio”; la veo como una continuación de mi interés en temas asociados con la Guerra Fría —cuestiones a las que he dedicado obras o exposiciones, como la carrera espacial; las guerras de la segunda mitad del siglo XX en el Sudeste asiático, en África, y el Medio Oriente, en las que Cuba se vio a veces involucrada directa o indirectamente; las políticas económicas del bloque de países comunistas con el cual Cuba se alineó a nivel estratégico después de la Revolución de 1959, y con la percepción y la representación de ese enfrentamiento en Cuba, de los años sesenta en adelante.

La instalación se refiere a la historia de Cuba desde fines del siglo XIX y hasta fines del XX, para hablar de La Habana como un sitio donde se han cruzado varios imperios (y personajes que de ellos provienen): el español, el estadounidense, y el soviético. Junto a ello, trabajo paralelamente en una exposición personal que debo presentar durante el verano próximo en la galería Paolo Maria Deanesien Roveretto, Italia.

Espacios Intermedios: Arte Contemporáneo en La Habana será mostrada hasta el 13 de Abril en la Belkin Art Gallery, Universidad de British Columbia, Vancouver.