Anna In The Tropics

Ese fin de semana, la pieza Ana en el trópico, una producción de Teatro El Público-FUNDarte, se estrenará en Miami en el Colony Theater. Pero el mes pasado, la obra -que data de 2003- debutó en La Habana. El crítico y escritor cubano Norge Espinosa estuvo presente para compartir sus impresiones con Cuban Art News.

(A propósito, felicitaciones a Norge que fue recientemente galardonado con un premio de la crítica con un libro sobre los hermanos Camejo, fundadores del teatro cubano de títeres.

A solo unas semanas de haber estrenado Antigonón, un contingente épico, Teatro El Público se alistó para sumar un nuevo título a su repertorio. La pieza del joven autor Rogelio Orizondo era un ejercicio de desacralización política que tomaba de la violencia cotidiana gestos, frases, y una actitud que aspira a la inmediata controversia. Pero al cine Trianón, en la barriada del Vedado, llega Ana en el trópico, de la mano de Carlos Díaz, creación del cubanoamericano Nilo Cruz, el único dramaturgo nacido en la Isla que obtuvo el codiciado Premio Pulitzer, justamente con esta pieza. La noticia de tal otorgamiento estremeció y sorprendió a muchos, el autor había sobrepasado a fuertes contrincantes como Edward Albee, y su pieza fue conocida por los miembros del jurado solo a través de la lectura, no mediante la puesta en escena.

Comisionada por el New Theatre de Coral Gables, la pieza subió a escena con un montaje de Rafael de Acha. En el mismo 2003 sería producida en New Jersey, y luego transferida a Broadway. Una nominación al Tony y una larga secuencia de distintas puestas anteceden a la que será vista ahora en La Habana. Desde el año 2003, Nilo Cruz ha sido celebrado, admirado, estudiado y discutido. Como suele suceder con el Pulitzer, ese lauro ha marcado un antes y un después en su vida y obra.

La caja de resonancia que fue el Pulitzer ha permitido que Ana… llegue, con sus personajes cubanos, a los más disímiles escenarios e idiomas del planeta. Integrada a programas académicos, ha sido representada en inglés, español, y muchas otras lenguas por colectivos de estudiantes y por profesionales. Es la obra escrita por un cubano más reconocida de la actualidad, y no dejan de sumarse producciones que una y otra vez imaginan ese ambiente casi doméstico en el cual Nilo Cruz da vida a sus personajes.

La trama acontece en el barrio de Ybor City, en Tampa, Florida, en algún momento de 1929, poco antes de que la industria del tabaco asentada allí, y defendida por inmigrantes de diversos orígenes, desapareciera para dar paso a la mecanización de lo que era un oficio artesanal.

Ana en el trópico por Teatro El Público en el Teatro Trianòn, La Habana, Cuba, octubre 2013

A una pequeña fábrica de tabaco llega Juan Julián Ríos, el Lector que ha contratado Ofelia, la esposa de Santiago, el dueño de la fábrica. Juan es el representante de una tradición a punto de esfumarse, y un hombre que trae consigo un diálogo con la cultura, con el saber mismo del arte de los tabacos, y que seducirá con su voz potente a la mayoría de esos personajes. Trae consigo una novela que los cubanos emigrados no conocen: Anna Karénina. Los capítulos de Tolstói acabarán insuflando un nuevo aire a ese mundo tan cerrado, despertarán fantasmas y deseos, fundiéndose con el destino de esos tabaqueros. Juan es un hombre que trae una novela cargada de fatalidad, y él mismo será víctima de ello. Pero dejará un recuerdo indeleble en todos los que le admiraron, amaron u odiaron.

Ybor City, adormecida aún en el recuerdo ya irreversible de ese tiempo, guarda con celo los edificios y monumentos que los cubanos erigieron para reinventar la Isla en esa distancia. Ahí el escritor y político cubano José Martí tiene un parque, se conserva el itinerario de sus pasos en esas calles, y sorprende al visitante un busto de Antonio Maceo.

Nilo Cruz ha confesado su fascinación por los tabacos, por el mundo que el aroma y el humo de esas hojas trae consigo irremediablemente. Entre sus recuerdos de infancia están los lápices de colores guardados en una caja de tabaco, adornada con las inevitables marquillas. Lorca y Alberti sintieron esa misma fascinación, que se une a la música -otra manera del recuerdo- y a las pasiones que los tabaqueros escogían como tema de esos ornamentos.

En Cuba, tras el impacto de la noticia del Pulitzer, Nilo Cruz ha sido publicado y comentado de vez en vez. El primer abordaje in extenso a Anna in the tropics vino de la firma de Rosa Ileana Boudet, quien conoció la obra a través de una producción en California y en el número 3 de la revista Tablas, del 2003, publicó el comentario: “Karénina del trópico”. Dos años más tarde, en la antología de la profesora Lillian Manzor y el director Alberto Sarraín compilaron para el sello Tablas-Alarcos, se incluía Lorca con un vestido verde. En una jornada de lecturas dramatizadas propuestas como enlace cultural entre autores de las dos orillas, coordinada por Pedro Monge Rafuls, se leyó en La Habana La belleza del padre, otro título de Cruz.

Quien conozca el teatro de este hombre nacido en Matanzas, a inicios de los años 60 y emigrado a los Estados Unidos desde los días de su infancia, reconocerá en él a un poeta dramático, un escritor que apela a las palabras para reconstruir la realidad mezclando ensueño, pasado, poesía y atmósfera a través del acto de evocación que puede ser el teatro mismo. Eso ha caracterizado su escritura, alentada por figuras como la actriz Teresa María Rojas o la muy importante dramaturga María Irene Fornés, quienes le guiaron en sus inicios en Miami y Nueva York. Hoy, el repertorio de Nilo Cruz incluye estas obras citadas, así como Hortensia y el museo de sueñosHuracánEl color del deseoUn país de bicicletasDos hermanas y un piano, y guiones de cine y libretos de ópera.

Ana en el trópico por Teatro El Público en el Teatro Trianòn, La Habana, Cuba, octubre 2013

El montaje que produce ahora Teatro El Público proviene de un largo proyecto de intercambio cultural que enlaza a esta compañía habanera con FUNDarte, el Archivo Digital de Teatro Cubano y la Universidad de Miami. FUNDarte, creada en el año 2003 por Ever Chávez y el actor Carlos Caballero, es una organización multidisciplinaria que ha creado en Miami eventos y festivales donde coinciden artistas latinos y norteamericanos, en la música, la danza, las artes plásticas, el teatro, etc. Interesada en dar a conocer artistas emergentes, ha mantenido un puente con creadores cubanos tan diversos como Harold López Nussa, Marta Valdés, Nelda Castillo y El Ciervo Encantado, Ivette Cepeda, Gema Corredera, Alex Cuba, y Teatro El Público, al cual ha presentado en Miami con Las amargas lágrimas de Petra von Kant y Calígula.

A partir de textos de Beckett, Carlos Díaz presentó en La Habana, con Elizabeth Doud y Carlos Caballero el espectáculo Si vas a usar un cuchillo, úsalo, en el 2011. FUNDarte organizó, asimismo, el primer festival internacional “Virgilio Piñera, un fogonazo del absurdo” en el 2011, con grupos como Argos Teatro y Teatro de la Luna, Mephisto Teatro-Arte y Producciones Artísticas, de España. En tal proyecto, colaboró con el Departamento de Lenguas Modernas y Literatura de la Universidad de Miami, uno de los pilares que sostiene al Archivo Digital de Teatro Cubano, valiosa fuente de información que, bajo la guía de Lillian Manzor, va salvando y rescatando gran parte de la memoria escénica cubana y la pone al servicio de los interesados online, en colaboración con entidades norteamericanas y de la Isla. Todos estos esfuerzos, así como la gentileza de Nilo Cruz al ceder los derechos para la nueva producción, han sido cruciales para el estreno habanero de Ana en el trópico.

Ana en el trópico por Teatro El Público en el Teatro Trianòn, La Habana, Cuba, octubre 2013

El elenco se compone de relevantes actrices y actores de las dos orillas. A la parte cubana, integrada por destacados intérpretes como Fernando Hechavarría, Osvaldo Doimeadiós, Alexis Díaz de Villegas, Clara de la Caridad González y Yanier Palmero, se añaden Lilian Rentería, Mabel Roch y Carlos Caballero. Por vez primera se unirán creadores que, en uno y otro sitio, siguen defendiendo una idea múltiple de la cultura cubana, afianzados ahora bajo un texto de calidad probada y guiados por un prestigioso director.

El nombre de Lilian Rentería podrá estar asociado, según algunos, a la estela del popularísimo espacio televisivo que fue Para bailar, donde ella deslumbraba con su juventud y su belleza. Otros la recordamos como la actriz esplendorosa que se reveló sobre las tablas de la mano de Roberto Blanco, en Teatro Irrumpe, gracias a montajes como Los enamoradosUn sueño felizEl alboroto y sobre todo, su consagración: Mariana, en 1987. El texto lorquiano pasó a ser, de una pieza menor, una tragedia reescrita por el ingenio del director, ganando una densidad trágica en la cual ella, como protagonista, se convertía en doble de las angustias y pasiones del dramaturgo.

Ana en el trópico por Teatro El Público en el Teatro Trianòn, La Habana, Cuba, octubre 2013

Mabel Roch, graduada del ISA como Rentería, fue el rostro que en 1986 eligió Humberto Solás para Un hombre de éxito, su revisión de la Cuba republicana. Integró Teatro Estudio, y antes de radicarse en los Estados Unidos, hizo televisión en seriados como Shiralad. Recientemente, al ser dirigida por Alberto Sarraín en la pieza Cartas de amor a Stalin, ganó aplausos y sonados elogios de la crítica.

Carlos Miguel Caballero es un actor que se forjó también en el Instituto Superior de Arte, bajo la guía de María Elena Ortega. Ha trabajado en televisión, tanto en Cuba como fuera de ella, y formó parte de Teatro El Público en montajes tan recordados como El público y CalígulaVerde verde es su más reciente título cinematográfico, y combina su trabajo como actor con labores de producción en FUNDarte. Para todos ellos integrarse al proyecto y trabajar de tú a tú con los colegas de la Isla ha sido un estímulo que ratifica sus carreras, y les permite imaginar una nueva dimensión para este tipo de propuestas.

Los personajes de Ana en el trópico no saben, en su mayoría, cuál es el destino de la novela que les ha traído el Lector. Oyen o imaginan un tren que se acerca para traerles el final trágico de su protagonista, pero ensordecidos por ese mismo tren, no pueden advertir que, como ella, también están cerca de una ruptura inevitable. En 1931, dos años después de los hechos que Nilo Cruz imagina en este drama en dos actos, se deshizo el pequeño mundo artesanal de esas fábricas de tabaco. Fueron asfixiadas por el proceso de mecanización que echó por tierra el oficio del lector, y tantas otras tradiciones.

La obra se ubica en ese conflicto entre modernidad y costumbres añejas, entre dos percepciones distintas de un mundo que para cambiar, exige ciertos sacrificios. La vida no será la misma para esos personajes cuando el Lector se esfume. Esperamos que para los espectadores que en La Habana o Miami vean por vez primera Ana en el trópico, los secretos ocultos en esa novela y en esta obra sean una invitación a regresar, siempre, a los libros y al teatro.