Fernando Alonso con alumna en el Teatro Betty Oliphant de la Escuela del National Ballet of Canada, Toronto. Cortesía Yolanda Correa Cruz

Las omisiones no siempre condenan al silencio o la inexistencia, hay universos donde omitir un nombre o una palabra es quizás el modo más enfático de indicarlos. La omisión entonces se transforma en grito. Esto sucederá probablemente con la vida y obra del maestro Fernando Alonso, aunque él no exija nada. De hecho, asegura que volvería a vivir de la misma manera y mantiene tres grandes amores: la danza, las mujeres y Cuba.

El libro Fernando Alonso, the Father of Cuban Ballet (Gainesville: University Press of Florida, 2013), recién presentado en Estados Unidos, reconoce los valores de este pedagogo cuya labor contribuyó a afianzar en la isla caribeña una escuela con metodología propia, construida a partir de las características de su pueblo y las virtudes de otras academias extranjeras.

A criterio de la autora, Toba Singer, en ningún rincón del mundo se realizó otro estudio tan riguroso como el del maestro Alonso sobre las escuelas de ballet reconocidas, pertenecientes a Francia, Italia, Dinamarca, Rusia e Inglaterra, que él tomó de base para elaborar la metodología definitiva de la suya.

“Muchos profesores poseen una especie de sensibilidad, pero no existe un programa comprensivo que entrene cientos de estudiantes y además de convertirles en bailarines los forme como grandes maestros”, comentó.

Apenas cuesta trabajo encontrar testimonios sobre los valores de Alonso; pues desarrolló una legión de bailarines virtuosos desde que fundó la academia en 1950 con la colaboración de su entonces esposa, Alicia, cuyas declaraciones abren el libro. Lo difícil es publicar una obra en Cuba que conceda un lugar justo a quien fuera el cerebro de la escuela cubana y del Ballet Nacional en sus mejores años. University Press of Florida aceptó la propuesta de la escritora norteamericana a modo de homenaje al hombre que estudió el bachilletaro en Mobile, Alabama, e integró la principal compañía clásica de Estados Unidos en la etapa fundacional.

Azari Plisetski, Ramona de Saá, Menia Martínez, Jorge Esquivel, Aurora Bosch, Lázaro y Yoel Carreño, Lorena y Lorna Feijóo, John White, Donald Saddler y Carlos Acosta, entre otros danzantes y profesores de ballet, contaron para este libro sus puntos de vista e historias personales en relación con el legado del maestro de maestros.

Fernando Alonso, The Father of Cuban Ballet

No en vano el decano de la crítica mundial de ballet, Arnold Haskell, definió a Alonso como meticuloso en sus correcciones, un científico y un artista. Durante la investigación, los bailarines y profesores consultados apuntaron características similares. Singer notó que desde la juventud el maestro se acercó a la psicología y la filosofía, así como a la kinesiología, la anatomía del cuerpo y la actuación, a fin de integrar lo útil de cada especialidad a la enseñanza del ballet.

Los estudios anatómicos realizados en Estados Unidos le permitieron, en la década de 1930, trabajar como radiólogo en Harlem, Nueva York, y así reunir el dinero para llevar a ese país a Alicia Martínez, quien se convertiría en su esposa y en una de las grandes bailarinas del siglo XX.

Fernando and Alicia Alonso en La Bella Durmiente. Cortesía Fernando Alonso

El matrimonio Alonso integró el elenco del American Ballet Theatre en su primera década de existencia y tomó parte en los musicales de Broadway Great Lady (1938) y Stars in Your Eyes (1939), donde debieron incluso cantar y bailar tap.

Por esa época Fernando desempeñó varios oficios: taquígrafo-mecanógrafo en español e inglés, ayudante de un científico, contador, los cuales le ayudaron después a administrar la gran empresa artística con la que soñaban él, Alicia y su hermano Alberto, fallecido en 2007.

Singer definió al primer director del Ballet Nacional de Cuba (1948-1975) como curioso y pensativo, pedagogo comprometido y no dogmático que al mismo tiempo insistía en lograr diariamente los más altos estándares de disciplina y rigor.

Acerca del legado resaltó la entrega de experiencias y conocimientos a fin de alcanzar un dominio total del instrumento del bailarín: el cuerpo. “Sobre todo los inspiró para que se sobrepusieran a sus enormes desafíos, mediante la eliminación de sus fantasmas, las dudas que a veces pueden ser el peor enemigo del bailarín”, sostuvo la investigadora, hasta hace dos años co-jefa del Centro de Arte y Música de la Biblioteca Pública de San Francisco.

Fernando Alonso

“Los artistas de danza y maestros con quienes conversé le dan a Fernando el crédito de haberles mostrado un universo de conocimientos fuera del estudio de ballet, sobre ciencia, arquitectura, las culturas antiguas, música, literatura, teatro, diseño y filosofía. Le llaman el gran amigo, un honesto sirviente de las artes, un hombre dedicado a encontrar respuestas y soluciones, sin importarle cuán larga o ardua pueda ser la búsqueda”, relató impresionada. Esos valores humanos la motivaron a viajar entre ciudades y países con tal de reunir más datos.

El libro reconoce el apoyo brindado por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) a la compañía, hoy Ballet Nacional de Cuba (BNC), desde los inicios y cuando a mediados de la década de 1950 el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista le retiró la escasa subvención. El hecho atrajo la mirada de los líderes que construían una revolución política, social y económica en la isla, y favoreció el desarrollo posterior del ballet aquí como una manifestación extendida al pueblo, expuso Singer, graduada de la Escuela de Artes Escénicas de Nueva York.

Otro suceso relevante en la vida de Alonso resultó su nombramiento en 1975 como director del Ballet de la ciudad de Camagüey, ubicada en la región central del país. Según la autora, allí el maestro una vez más demostró sus capacidades pues esta compañía experimentó un éxito sin precedentes durante su liderazgo, e incluso el Ballet Nacional comenzó a captar a los mejores bailarines para sumarlos al elenco mayor.

“Fernando Alonso es honesto consigo mismo, con sus pensamientos y con lo que considera las mejores prácticas en la vida, sin importarle el costo. Sin él, y la particularidad de su coraje y compromiso, no habría ballet en Cuba hoy”, aseveró.

Tras dar por concluida la labor en Camagüey, Alonso ocupó el cargo de director de la Compañía Danza Nacional de México en 1992, luego del Ballet de Monterrey y el puesto de asesor de la Cátedra de Ballet de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en el propio país. Desde el regreso definitivo a casa en 2001, el educador, definido por otros profesionales de la rama como humilde y al mismo tiempo elegante y exigente, asesora ensayos en distintas escuelas en Cuba pues el trabajo con las nuevas generaciones le apasiona.

Este Doctor Honoris Causa en Arte, Premio Nacional de Danza (2000) y Premio Benois de la Danza (2008) participa como pedagogo en los Encuentros Internacionales de academias para la enseñanza del ballet, que se celebran en La Habana cada año. El evento de 2013 dedica la gala de apertura al experto metodólogo, próximo a cumplir 99 años de edad.

Singer –quien ha publicado artículos en Charleston GazetteSan Francisco ChronicleDance Magazine y Dance Europe; entre otros medios de prensa– agradeció a la hija de Alicia y Fernando Alonso, Laura, la colaboración para este libro y advirtió que la descendiente contribuyó mucho al prestigio del Ballet Nacional y luego al de su propia compañía, el Centro Pro-Danza, además de demostrar dentro y fuera de Cuba su gran capacidad como maître.

“Esta investigación fue toda una aventura que se convirtió en la más agradable y fructífera colaboración que haya tenido jamás”, sentenció la escritora.

Después del lanzamiento de la obra el 11 de marzo anterior en la librería Brazos, de Houston, Texas, se prevén presentaciones en California, Nueva York, San Francisco y Londres, Gran Bretaña, en las cuales intervendrán maestros de ballet, críticos y aprendices de Alonso.

El próximo año la autora tiene invitaciones para exponer el libro en otras ciudades de los Estados Unidos y el mundo, mientras espera lograr una edición en castellano, lengua en la que Fernando Alonso merece que sea divulgada su historia.

(Una versión de este artículo pareció antes en Cuba Sí, Cuba.)