La Virgen de la Caridad

En abril, el Festival de Cine de la Habana en Nueva York presentó una panorámica especial de los inicios del cine cubano, que estuvo a cargo de Luciano Castillo (Camagüey, Cuba, 1955). Castillo es crítico, investigador e historiador de cine, y director de la Mediateca André Bazin en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños (EICTV). Tiene un conocimiento enciclopédico del cine, que se proyecta mientras habla. Como miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, Castillo escribe para revistas en Cuba y en el extranjero, y ha acogido a programas de radio y televisión que dan cobertura al cine cubano.

Luciano Castillo

Según Castillo, la fundación del ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos) en 1959 cerró una manera de mirar el cine cubano precedente. Con un énfasis en la producción de documentales para “elevar el nivel cultural de las tropas”, los pioneros del cine cubano se consideraron irrelevantes. Pero gracias a la dedicación e incansable trabajo de archivo de Arturo Agramonte García (1925-2003), gran parte de la historia del cine prerrevolucionario de Cuba fue rescatada. Agramonte recopiló la Cronología del cine cubano, publicado en 1966. Esta obra de referencia invaluable ha sido revisada y ampliada con la colaboración de Luciano Castillo. La historia del cine cubano ya tiene tres volúmenes: Cronología del cine cubano I: 1897-1936 (Ediciones ICAIC, 2011), II: 1937-1944 (ICAIC, 2012), III: 1945-1959 (ICAIC, de próxima publicación diciembre 2013).

Para el programa de Nueva York, Luciano seleccionó seis títulos de los primeros cincuenta años de cine cubano, comenzando por El Parque Palatino, cinta (de un minuto) rodada en 1906, por Enrique Díaz Quesada (1883-1923), considerado el «padre del cine cubano.» En este corto, patrocinado por una fábrica de cerveza local, Díaz Quesada capturó la atmósfera festiva del parque en el barrio de El Cerro, La Habana. Luego pasó a producir más cortos de sabor local que, con el título de Cuba al día, fueron antecedentes de noticiarios.

Otra figura importante del cine silente fue Ramón Peón (1887-1971). Él dirigió La Virgen de la Caridad (80 min., 1930), una de las últimas películas silentes producidas en Cuba. Basada en la novela de Enrique Agüero Hidalgo, quien también escribió el guión, esta obra tiene una trama familiar. Un joven, Yeyo (interpretado por Miguel de Santos), y su abuela viuda (Matilde Mauri) son estafados y expulsados de sus tierras por un terrateniente deshonesto interesado en la novia de Yeyo, Trina (Diana V. Marde). La justicia prevalece cuando, detrás de un cuadro de la Virgen, aparecen los documentos que acreditan la pertenencia de esa tierra a la familia de Yeyo. La película cuenta con una excelente cinematografía de Ricardo Delgado, diseño de producción de Enrique Caparrós, edición de suspenso, y el uso eficaz de los flashbacks.

Maracas y bongó (15 min., 1932) fue el primer cortometraje sonoro producido en Cuba, dirigido por Max Tosquella para B.P.P. Pictures. La trama –un joven celoso (Fernando Collazo) envuelto en una pelea por su novia (Yolanda González) en una fiesta de barrio– sirve de marco para una variedad de actos musicales y danzas.

Tam Tam o el orígen de la rumba (1938)

La cámara principal de Maracas… fue Ernesto Caparrós (1907-1992), que luego dirigió la primera película sonora de largometraje cubano, La Serpiente roja (1937). Contaba la historia de un detective chino Chan Li Po, un personaje popular de radio creado por Félix B. Caignet, en la línea de Charlie Chan de Earl Derr Biggers. Lamentablemente, no existe más que una copia incompleta de esta película histórica, y actualmente está siendo restaurada con la ayuda del ICAIC y el INA (Francia).

Ernesto Caparrós también dirigió Tam Tam o el orígen de la rumba (22 min., 1938), que narra, a través de la historia de amor de dos jóvenes mestizos, la historia de la rumba desde sus raíces en los sonidos y ritmos que acompañaron a los esclavos africanos, y su evolución a lo largo del tiempo en la cultura popular. Inspirada por las frecuentes visitas de Caparrós al cabaret Eden Concert, Tam Tam … muestra la destacada bailarina Chela de Castro, la cantante Yolanda González (Maracas y bongó) y otros artistas populares. Los elogios de la crítica contemporánea hacia este corto podrían resumirse en esta frase: «parece haber sido filmada en Hollywood». Caparrós emigró a los EE.UU. en 1940, y de hecho se convirtió en un camarógrafo de Hollywood. Fue director de fotografía en El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, 1962) de Arthur Penn.

Completan la retrospectiva dos películas de la década de 1950. Yambaó (90 min., 1956) fue una coproducción entre México y Cuba, por el director alemán de origen mexicano Alfredo B. Crevenna (1914-1996). Filmada en su totalidad en Cuba, la historia está ambientada en el siglo XIX. Es una historia de amor prohibido donde la mulata sensual Yambaó, una esclavo liberta, intenta seducir al terrateniente joven y guapo, Jorge, y alejarlo de su esposa por medio de la “brujería”. Los esclavos en la plantación de azúcar temen a los poderes malignos de Yambaó, nieta de la brujera Caridad, por lo que tratan de matarla, pero Jorge lo impide. Yambaó es interpretado por la bailarina cubana Ninón Sevilla, quien tuvo una larga carrera en los musicales mexicanos de las décadas de 1940 y 50. Los actores mexicanos Ramón Gay y Rosa Elena Durgel interpretaron los personajes de Jorge y su esposa Beatriz. Yambaó fue lanzada como una película en blanco y negro para el mercado de América Latina, y en color con una pista doblada al inglés en los EE.UU. (bajo el título Cry of the Bewitched).

De espaldas (90 min., 1956), de Mario Barral, es una obra experimental llena de reflexiones existenciales donde la protagonista deambula por las calles de la ciudad reflexionando sobre la injusticia social y el sentido de la vida. Lanzada como Cuban Confidential en los EE.UU., quizás se recuerda mejor como la precursora de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea.

El público del festival estaba interesado y agradecido por esta muestra de los inicios del cine cubano, y participaron en el animado diálogo con Luciano Castillo, quien también conversó sobre la historia de las películas cubanas y firmó ejemplares de los dos primeros volúmenes de su Cronología del cine cubano.