Acosta en el ISA, con unos de los edificios originales
Foto: Franklin Reyes, SFGate.com

Carlos Acosta marcó una vez más la historia de Cuba cuando, dentro de la isla, de manera pública, el bailarín clásico cubano dijo exactamente lo que pensaba. Su prestigio como uno de los mejores del mundo le permitiría escoger un hogar en cualquier ciudad del planeta, mas los sueños de Carlos siempre lo transportan a Cuba, y no solo reclama esta realización para él. Más allá de la indiscutible valentía, Acosta aprovechó sus ventajas y asestó un golpe a uno de los muros metafóricos, erigidos hace décadas, en perjuicio del arte y los artistas.

Misteriosamente, el bailarín principal del Royal Ballet de Londres no aparecía en el programa general del XXIII Festival Internacional de Ballet de La Habana. Sin embargo, cumplió su palabra, vino, y pese a no traer partenaire (compañero de baile) reclamó un espacio para muchos bailarines que hoy trabajan fuera de casa con la añoranza de compartir los frutos de sus carreras en ella.

“Primerísimos bailarines crecidos y formados en la escuela cubana como Lorna y Lorena Feijóo, por ejemplo, quieren venir”, aseguró en la sede del Ballet Nacional de Cuba, la compañía danzaría más distinguida del país.

A juicio de Junior, como le llaman las amistades, los artistas cubanos ubicados en plazas extranjeras pueden mostrar al público las nuevas tendencias de la danza, estilos coreográficos y formas de interpretación. Para alcanzar ese beneficio advirtió la necesidad de superar divisiones y llevar a la práctica el discurso de la unidad.

“Ahora es importante unirnos para juntos crecer, seguir adelante, y dejar atrás viejos rencores. No voy a hablar de perdón porque el perdón es para los dioses, el ser humano es imperfecto, no perdona, pero sí puede limar el pasado, y debemos. Incluso por nuestros hijos, porque ellos observan nuestras acciones, de ellas aprenden. ¿Alguna acción sería más bonita que la de limar todas las inquinas personales y aceptar que somos imperfectos? Todo el mundo se equivoca”, sostuvo el Premio Nacional de Danza 2011.

“Deberíamos unirnos con esa idea, dejar que quienes quieran venir vengan y yo voy a seguirlo diciendo no para hacerle la guerra a nadie, esto es solo una batalla de ideas en aras de ser mejores y evolucionar. ¿Cómo podemos ser mejores mañana?”, cuestionó Acosta, quien está a punto de publicar una novela en Gran Bretaña que figura en un listado de las debutantes más prometedoras. Su primer libro, una autobiografía, fue reproducido en más países de los imaginados por el autor en un principio, menos en Cuba.

El tumulto de ensayos, funciones y otras labores de trabajo no le impiden pensar más allá de la escena, y convertirse en padre recientemente tal vez estimuló mayor conciencia.

“Creo que hay artistas cubanos esenciales dentro de nuestra historia que andan por ahí y las nuevas generaciones se están perdiendo esa experiencia. Por ejemplo: ¿quién le va a enseñar a los jóvenes bailarines cómo ponerse la capa mejor que Jorge Esquivel? Las personas, que son como pilares de la historia del ballet cubano, deberían estar aquí, enseñándole a las nuevas generaciones”, afirmó.

Carlos también explicó su preocupación por el paso de los años y las consecuencias inevitables, empezando por el grupo de informaciones que se pierde con cada muerte. A Carlos le sobran fastuosas propuestas de trabajo en diversas ciudades del planeta, sin embargo, lo dice una y otra vez, su mayor deseo es dejar una impronta en la isla donde nació hace casi 40 años y donde se formó como bailarín.

El bailarín Carlos Acosta
Cortesía de Latinos in London

El artista planea crear un centro artístico en áreas del Instituto Superior de Arte a partir de una instalación diseñada por el arquitecto italiano Vittorio Garatti en los años 60 del siglo XX, que nunca llegó a concluirse. La obra empieza por retomar el inmueble con el inconveniente de su proximidad a un río habanero cuyas aguas invaden la zona algunas veces al año. La necesidad de dragar el afluente para hacerlo más ancho y profundo se impone, y esta labor demanda dinero.

Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, el gobierno creó oportunidades para el estudio profesional de las artes y encargó al arquitecto cubano Ricardo Porro crear un conjunto de escuelas nacionales en áreas del antiguo Country Club, lugar de varios campos de golf. Porro proyectó la de artes plásticas y la de danza contemporánea, mientras el italiano Vittorio Garatti se encargó de las de música y ballet y Roberto Gottardo la escuela de artes dramaticas. Pero entre tabúes ideológicos y carencias económicas solo llegaron a concluirse las instalaciones para plástica y danza contemporánea, el resto quedó a medio término, y con el tiempo expuesto al abandono y deterioro progresivo. [Para saber mas sobre las escuelas, vea nuestro articulo sobre el documental Unfinished Spaces (Espacios Inacabados).]

“Yo me sensibilicé con ese patrimonio que va a colapsar, se va a perder, y me propuse rescatarlo sin que le cueste nada al Estado. Para ello habría que plantear un proyecto artístico auto-sostenible con la finalidad de convertir a Cuba permanentemente en un gran destino artístico. Aquí hay mucho potencial para generar ese tipo de turismo, no solo el playero”, confía Acosta.

El prestigioso bailarín considera el arte como el alma de cada nación y para contribuir a realzarla creó una fundación con su nombre que realiza eventos con el fin de recaudar fondos para el proyecto. Sin embargo, algunos vieron de manera hostil la propuesta y suscitaron una polémica.Carlos reconoció que paralelo a la divulgación del proyecto se difundieron comentarios negativos en contra de su persona y de otros que intentan ayudarle, como el arquitecto británico Norman Foster, quien defiende la preservación del diseño de Garatti.

“Primero, yo siento un gran respeto por Garatti, es un maestro y me vino a ver bailar a Londres, le expliqué que no tenía el ánimo de destruir ni ultrajar nada. En particular, acumulo mucha gloria y premio ya, no necesito más. Solo quiero dejar algo constante y sustancial, que incluso cuando me muera siga beneficiando a las nuevas generaciones. Esa es mi guerra”, aseveró.

De acuerdo con Acosta, él le explicó a Garatti la necesidad de adaptar algunos de los espacios cuya concepción original de hace más de 50 años perdió sentido. Las coreografías, por ejemplo, se crean en los estudios de ballet y de ahí las trasladan a los teatros, no necesitas teatros para hacer obras, señaló el coreógrafo.

“Originalmente había espacios proyectados con otros fines que en este nuevo modelo no encajaban, por ejemplo, las aulas. En el centro artístico no vamos a enseñar matemática, ni español, pero ahí están; y le sugerí a Garatti que podíamos convertirlas en habitaciones para que los alumnos de residencia lejana se puedan quedar. Al mismo tiempo, si alguien tiene una idea mejor… pues que gane la mejor idea, no la mía”, propuso.

Mientras las réplicas continúan, en uno y otro sentido, las instalaciones permanecen en ruinas, a merced de la naturaleza. Foster aseguró a Carlos que la construcción era salvable y este ratificó su intención de salvar y unificar. “Yo mi legado lo quiero hacer en Cuba y me voy a fajar por eso”, afirmó el bailarín, ocupado en estos momentos en el montaje de un nuevo musical en Gran Bretaña y una versión propia del clásico Don Quijote para el Royal Ballet de Londres.

“A mí me encanta la coreografía y me dieron esta oportunidad de hacer una versión nueva de Don Quijote. El Royal Ballet lo tuvo en su repertorio pero no ha tenido suerte con él. La primera producción fue la de Baryshnikov y después una del director Ross Stretton en 1999 sobre la de Nureyev. Ninguna tuvo éxito. En 2001 lo retiraron del repertorio clásico, cosa que me parece un gran error porque todas las compañías deberían tener ese ballet y pasamos 11 años sin Don Quijote”.

En 2013 la obra regresará al repertorio del Royal en versión de este cubano que pretende introducir movimientos contemporáneos sin perder el espíritu de sus creadores, Marius Petipá y Alexander Gorsky, quien lo versionó después. “Sí es necesario demostrar que el hombre moderno tiene su propia voz y sobre todo la tecnología a su favor. Podemos usar más luces, mejores vestuarios, y darle un vuelco más fresco a la producción sin perder ese fantasma que lo hace tan especial”, consideró el artista.

Dentro del anterior Festival de Ballet de La Habana, Acosta bailó en dos teatros el solo contemporáneo Memoria, de Miguel Altunaga, un graduado de la escuela de danza de Cuba y actual bailarín de la Compañia Rambert en Inglaterra. Según Carlos, la pieza se inspiró en las danzas kabukis japonesas y al mismo tiempo marca la evolución de un artista.

“La lógica consecuente de un artista es la evolución, y en el caso de los bailarines clásicos lo más lógico es hacia lo contemporáneo porque el cuerpo sufre menos, te da más libertad y al mismo tiempo no compite con el artista que era. Para mí siempre ha sido importante no repetirme, y sobre todo cada vez que vengo a Cuba me gusta hacer partícipe a mi gente de mi evolución”.

A Carlos le gusta mostrar lo aprendido en su país para que el público crezca junto con él. Mucha gente le pregunta: por qué no baila pas de deux clásicos como Diana y Acteón, y su respuesta redunda: “ya lo hice, lo vengo haciendo desde que tenía 16 años, y lo importante es que vean el viaje de ese artista”.

Acosta y José Manuel Carreño coronan una extensa lista de bailarines que decidieron probar suerte fuera de Cuba. Solo ellos, y contadas excepciones con los dedos de una mano, han podido regresar a bailar con el Ballet Nacional, la compañía danzaria de mayor rango en la isla caribeña.

Cortesía del Daily Mail

En concreto, el país da muestras de una voluntad de cambio, pero la esfera del ballet permanece ajena como una burbuja flotante. Y el tiempo pasa, muchos artistas valiosos casi culminan su viaje, con aciertos y desaciertos, éxitos y caídas, aprendizajes que ojalá pudieran compartir en Cuba, por el bien de su cultura. Para Carlos es tan simple: »se lo debemos a nuestros hijos», enfatizó minutos antes de emprender viaje hacia otro teatro.