La Habana, una metropolis del Caribe con fuerte influencia europea.
Foto: El archivo de Julio César Pérez

Los lectores de Noticias de Arte Cubano conocen al arquitecto y urbanista Julio César Pérez a través de su libro Inside Havana, y nuestros reportes sobre el Charrette anual que él dirige y coordina cada primavera. Este otoño, Julio ha pasado un semestre como profesor visitante en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame. Ahí dirigió un grupo de alumnos de 5to año de la carrera de Arquitectura que exploró los retos del tejido urbano de La Habana y desarrolló un proyecto para un Museo de Arquitectura Cubana en La Habana. En la primera de una serie de dos partes, él aborda la ciudad y su entorno construido, las conexiones entre La Habana y Notre Dame, y los intercambios académicos que desarrolló el pasado año.

En 1904, Eugenio Rayneri Piedra se convirtió en el primer graduado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame, universidad católica pionera en ofrecer un título universitario en Arquitectura.

Para su padre no había mejor argumento que ofrecerr a su hijo un sólido aprendizaje en una universidad norteamericana, tendencia entonces de moda al final del siglo 19 y a principios del 20.  Al retornar a La Habana Rayneri Piedra trabajaría junto a su padre, quien gozaba de excelente reputación por haber construido importantes edificios durante la Colonia como el Palacio de Marquesa de Villalba (1879) en el llamado reparto de Las Murallas. Rayneri pronto se hizo famoso por ganar el concurso para el diseño del Capitolio Nacional. Fue también miembro fundador del Colegio de Arquitectos de La Habana en 1916, y su primer presidente.

Cuando Michael Lykoudis, Decano de la Escuela de Arquitectura en Notre Dame, denomina a La Habana “la Roma de las Americas”, lo dice en serio. Los programas de la Escuela de Arquitectura están orientados hacia la arquitectura clásica y tradicional, y Notre Dame mantiene una Academia en Roma donde los alumnos pasan un año entero dibujando, documentando la ciudad y aprendiendo de su pasado y tradiciones. La escuela mantiene también programas en la India, China y otros países.

El espíritu de La Habana, una ciudad de magia y poesía, cautiva a todos. Siempre fue Así ha sido siempre, y nadie niega su encanto como una metrópolis caribeña con una fuerte influencia europea. La ciudad escapó al daño derivado del movimiento mundial de la renovación remozamiento urbana y del desarrollo exagerado en la segunda mitad del siglo XX. Aún hoy, mantiene intacto su tejido urbano. Su espíritu único y evocador emana no sólo de la conocida calidad de su música y ritmos, vibrante vida callejera y ambiente amistoso, sino sobre todo de su entorno construido. Sin embargo, la armoniosa yuxtaposición de diversos estilos arquitectónicos, que exhibe la impresionante colección de inmuebles creados tanto por arquitectos locales como internacionales de fama mundial, está actualmente amenazada por la sobre explotación, el descuido y la negligencia.

A pesar de que el fondo habitacional, el transporte público y las infraestructuras son problemas críticos que afectan La Habana de hoy, los diversos tipos de urbanismo y arquitectura que nutren la ciudad merecen ser salvados, ya que La Habana constituye una celebración de ambos, dinámica en su devenir y conectada con las grandes ciudades del mundo pero conservando su propia magia e identidad urbana.

En el Otoño de 2010, la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame me invitó a impartir una conferencia tras interesarse en la propuesta presentada por los profesores Luis y Jorge Trelles para desarrollar un programa dedicado al estudio de la Arquitectura y el Urbanismo en La Habana. En el 2011, atendí  a un grupo del Consejo Asesor de la Escuela guiados por el Decano Lykoudis quienes visitaron la ciudad por primera vez, y les mostré la evolución histórica y urbana de una ciudad que exhibe un legado de más de cinco siglos.

Grupo de la Universidad de Notre Dame visitando La Habana
Foto: El archivo de Julio César Pérez

El pasado año, los hermanos Trelles viajaron con un grupo de estudiantes graduados a La Habana para estudiar la ciudad y trabajar en un proyecto académico durante el semestre de Otoño, para el sitio donde estuvo construido el Mercado de Tacón, construido por el padre de Rayneri en el siglo XIX. El profesor Rafael Fornés viajó con ellos para coordinar el curso.

El Capitolio de La Habana
Foto: El archivo de Julio César Pérez

La Oficina del Historiador de la Ciudad (OHCH) ofreció respaldo asesoramiento con historiadores y arquitectos de la institución: Orestes del Castillo, Daniel Taboada, René Maidata, Jorge Cisneros, Jaime Rodríguez y Yamira Rodríguez, facilitaron las visitas a edificios y locaciones como la Universidad de La Habana, el Capitolio, y la torre de la Compañía Telefónica, diseñada por Leonardo Morales, el mejor arquitecto clásico cubano graduado de la Universidad de Columbia en New York.

Estudiantes y profesores de la Universidad de Notre Dame en las escalinata del Capitolio
Foto: El archivo de Julio César Pérez

En Agosto de 2012 un grupo de estudiantes y profesores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame realizó un viaje de estudios a La Habana, para aprender de su historia, su urbanismo, su arquitectura y sus tradiciones a fin de desarrollar sus proyectos durante el semestre de Otoño para tres sitios escogidos guiados por los profesores Luis y Jorge Trelles, Rafael Fornés y Julio César Pérez junto a profesionales de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, quienes nuevamente ofrecieron su colaboración.

Plano de la Habana Vieja y el Reparto Las Murallas.
Cortesía del estudiante Kevin Enright. Taller de los hermanos Trelles.

Los proyectos presentados por los Talleres fueron un proyecto habitacional para un lote vacío en la Calle Villegas entre Amargura y Lamparilla  frente a la Iglesia del Cristo del Buen Viaje, a poca distancia del capitolio, dirigido por los hermanos Trelles, la restauración del Palacio de Villalba, por Rafael Fornés, y un Museo de Arquitectura Cubana, dirigido por mí. Los últimos dos fueron localizados en el barrio llamado Las Murallas, espacio caracterizado por la existencia de un patrimonio edilicio de gran significación histórica.

Frederic Mialhe, Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, La Habana, c. 1840
Cortesía de Luis Trelles