La Habana lleva meses conmemorando el centenario del escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) con una oleada de coloquios, publicaciones y puestas en escena. Ahora, Miami se les une con un festival de teatro de un mes entero presentando media docena de sus obras. El poeta, novelista y dramaturgo Félix Lizárraga reflexiona sobre la muy original e increíblemente entretenida voz de Piñera, y qué hace de sus obras, incluso en la actualidad, eventos teatrales que uno no debe perderse.

En el centenario de su nacimiento, el polifacético escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) no ha encontrado aún el reconocimiento que merece. La página que le dedica Wikipedia en inglés reza, con excesiva brevedad: “algunos creen que su obra influenció la de Reinaldo Arenas”, lo cual es en sí mismo una ilustración de su persistente oscuridad, sin mencionar el hecho paradójico de que Arenas fue (y sigue siendo) un escritor muy inferior a él. (Claro que se puede decir que Arenas es menos famoso como escritor que como el protagonista del hagiográfico filme del 2000 dirigido por Julian Schnabel, pero eso no viene al caso.)

De hecho, el centenario apenas ha provocado efecto alguno en los círculos literarios y artísticos del mundo –un artículo en The Guardian, una mención fugaz en la sección de aniversarios del sitio Web de la UNESCO—aparte de Cuba, por supuesto, y el Gran Miami.

La Habana lleva meses conmemorando el centenario con una oleada de coloquios, publicaciones y puestas en escena, incluyendo un ballet basado en su poema “La destrucción del danzante”. Y en Miami, el Jerry Herman Ring Theater de la Universidad de Miami está ofreciendo “Un fogonazo del Absurdo: Primer Festival Internacional del Teatro de Virgilio Piñera”: cinco fines de semana de puro disfrute virgiliano, a cargo de una variada combinación de grupos teatrales estadounidenses e internacionales.

Por fortuna, un persistente trabajo hecho por amor ha permitido que fragmentos de su obra estén disponibles en otros idiomas, o por lo menos en inglés: por ejemplo, la novela de 1952 La carne de René(que pudiera ser considerada como un improbable hijo natural de Franz Kafka y Jean Genet), algunas de sus obras en un acto y sus Cuentos fríos (una selección más amplia de sus cuentos apareció en francés como Nouveaux contes froids). En la Internet, rica en sorpresas, se puede encontrar el texto completo en español de Aire frío y Dos viejos pánicos  y excelentes traducciones de tres de sus piezas teatrales cortas.

Pero podría con facilidad decirse de Piñera lo que Jorge Luis Borges dijo del clásico escritor español Francisco de Quevedo: “es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura”. Él escribió cientos de poemas, montones de cuentos, varias novelas y una multitud de obras de teatro; tradujo a Witold Gombrowicz y al Marqués de Sade. Y lo hizo todo con una furia fría, una sardónica pasión y un estilo tan singular que se graba en la página con la precisión de un diamante que corta un vidrio.

Su teatro, en particular, merece una exposición mucho más amplia. No sólo porque él estaba escribiendo teatro del absurdo en La Habana al mismo tiempo que Eugene Ionesco, Samuel Beckett y Edward Albee tomaban por asalto la escena europea (según algunos, incluso antes). No sólo por la fuerza misma de su originalidad: en Electra Garrigó (1941), retoma el mito griego de Orestes y Electra en un ámbito cubano, con tal diabólica irreverencia que un crítico indignado exclamó en el estreno: “¡Esto es un escupitajo al Olimpo!”; en Jesús (1948), un barbero llamado Jesús se convierte en un antirredentor que proclama su no-divinidad; la orwelliana El flaco y el gordo (1959) podría ser vista asimismo como un encuentro entre El cuento del zoológico y El silencio de los corderos.

No: las obras de Piñera deberían ser representadas por todo el mundo en base al hecho de que son, para decirlo de la forma más sencilla posible, increíblemente entretenidas. Es un dramaturgo verdaderamente excepcional aquel que puede preparar semejantes mezclas de Sturm und Drang existencial, lo grotesco y las comedias de golpe y porrazo, a un extremo tal que el público no pueda parar de reírse, aun entre lágrimas.

El mismo Piñera escribió sobre Aire frío, su única obra de teatro “realista”, y tal vez su obra maestra: “En estas [sus obras del absurdo] lo que constituye los actos de la vida cotidiana está expresado a través de situaciones absurdas. En Aire Frío me ha bastado presentar la historia de una familia cubana, por sí misma una historia tan absurda, que de haber recurrido al absurdo habría convertido a sus personajes en gente razonable…”

Para aquellos que, habiendo leído la obra, tuvieron la oportunidad de revisitarla el pasado fin de semana en el Ring Theater de UM, se hizo evidente una vez más lo bien que Aire frío funciona sobre las tablas. Alternativamente cómico y triste en la página, el drama de la familia Romaguera se convierte, al ser encarnado por actores competentes, en una aleación instantánea e imposiblemente conmovedora de ambas cosas.

El último acto contiene una escena en que un personaje trata de decir a su padre que la madre está muriéndose, una noticia que el padre anciano no está dispuesto a escuchar. Piñera da a la situación otra vuelta de tuerca: el hijo ha perdido el oído; el padre, la vista. El resultado es un ácido elixir de patetismo humano y humor implacable, de tal potencia que hace que el público se estremezca de horror, tanto ante la cosa terrible que está sucediendo en escena como ante su propia risa incontrolable. Eso, en pocas palabras, es Piñera.

Un fogonazo del Absurdo: Primer Festival Internacional del Teatro de Virgilio Piñera” continuará hasta el 22 de septiembre en el Ring Theater de UM. Las próximas puestas en escena incluyen Los siervos, por el Teatro de la Luna, Cuba; Una caja de zapatos vacía por La Má Teodora, Miami; y Carrying Water in a Sieve(Sacando agua con canastos), una puesta de dos obras en un acto por el Departamento de Teatro de UM Department of Theater Arts.

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Félix Lizárraga
Félix Lizárraga es un autor cubano. Ha publicado la novela Beatrice (Premio David, 1981), y los poemarios Busca del Unicornio (La Puerta de Papel, 1991), A la manera de Arcimboldo (Editions Deleatur, 1999) Los panes y los peces (Colección Strumento, 2001) y Fuga del bosque (CreativeSpace Independent Publishing Platform, 2015). Poemas, cuentos y ensayos suyos han aparecido en diversas antologías y revistas literarias cubanas y extranjeras, entre ellas Nuevos narradores cubanos (Siruela, 2000), y Island of My Hunger (City Lights Books, 2007). El Grupo de Teatro Prometeo del Miami Dade College ha estrenado sus obras Farsa maravillosa del Gato con Botas y Matías y el aviador. Reside en Estados Unidos desde 1994.