En un Reporte reciente, nos referimos a la exposición de Umberto Peña que está teniendo lugar en la Galería Club Diario en Ibiza. Ya que la exposición se acerca a sus últimas semanas, presentamos a continuación el ensayo de la exposición por la curadora y crítica Wendy Navarro, que se refleja en el trabajo actual de Peña y su larga carrera.

Umberto Peña, El peso del tiempo, 2008. Photo: Carlos Caso / KSO Comunicacíon

La creación de imágenes, como la expresión poética, es uno de los medios al alcance del hombre para trasmitir y asimilar experiencias y sensaciones inexplicables, para explorar aquello que nos rodea y que inevitablemente forma parte de nosotros mismos. Referencia imprescindible en el panorama de las artes plásticas cubanas de las últimas cuatro décadas, la obra de Umberto Peña (La Habana, 1937) ha estado estrechamente ligada a las influencias y efectos del medio circundante, configurando una original indagación sobre la condición humana.

Ampliamente analizado y valorado por la crítica, su trabajo sobresale entre los más polémicos y cautivantes dentro del amplio mosaico de interpretaciones diversas de esa inédita realidad humana e histórica que rodeó a la plástica cubana durante los años 60. Esta exposición marca el regreso de Umberto Peña a la pintura tras varios años entregado a su carrera como diseñador gráfico. Volvemos a disfrutar del poder enigmático de sus lienzos, de su trazo expresionista, de su especial acento sobre los aspectos sicológicos del cuerpo y la realidad cotidiana, así como de su original investigación sobre diversos métodos y lenguajes pictóricos en búsqueda de una expresión propia. En esta nueva entrega de imágenes poderosas y vibrantes, escribío Rafael DiazCasas, Peña “nos invita a acercarnos a su espacio interior haciéndonos partícipes de un diálogo con su nueva geografía vital”. Son formas entonces que “viajan en un tiempo íntimo, por paisajes áridos inundados por los colores de Castilla y León, quedando atrás la luz del Caribe, del Atlántico Miamense y las onomatopéyicas estridencias del Pop”. Figuras y fondos se inundan de tonos tierras, ocres, grises y azules más o menos intensos o nublados, representativos de un paisaje diferente que, junto al movimiento vertiginoso de trazos, líneas y rasgados del pincel sobre la superficie, parecieran representar extraños acontecimientos, sensaciones o pensamientos acumulados como fogonazos de recuerdos latentes en la memoria.

Una vez más la realidad que rodea al artista es la fuente que nutre la fuerza y el vigor de sus visiones alucinadoras. Manchas imprecisas que en ocasiones incorporan formas vagamente humanas, donde puede sobresalir un rostro, elementos del paisaje o un grupo de puños alzados en protesta y desacuerdo con lo acontecido.

La elocuencia de trazos y formas recurren una vez más al apoyo de lo textual, presente esta vez en los títulos que acuden en auxilio del entendimiento del espectador, ofreciendo algunas pistas, “guiando su incomodidad”: Terca resistenciaAlejamiento progresivoDifícil entendimientoEl miedo a las palabras, parecieran hablar sobre asuntos que afectan la vida del hombre, referidos al contexto personal o social del artista.

Otros títulos como: El peso del tiempoEl territorio enemigo o Por donde continuar, introducen espacios de reflexión de orden casi filosófico sobre determinados eventos o dilemas propios de cualquier época o lugar, adentrándose en el devenir existencial del individuo.

Acuden a nuestra mente ideas y sensaciones diversas que pueden viajar desde la dialéctica de cambios, traslados y adaptaciones a nuevos contextos como parte inherente a la vida del hombre contemporáneo, el erotismo, la soledad del hombre moderno, hasta motivos asociados con la ironía y la frustración ante la opresión sistematizada del poder.

Las pinturas que componen esta exposición reflejan, de igual modo, tanto la tensión y agresividad de sus cuadros, como la expresión de ese mundo bullente y sensible que rodea al artista.