El pasado mes, se celebró en el estado de Nueva York el 58 Seminario internacional Robert Flaherty sobre cine documental. Entre los participantes, acudieron tres cineastas cubanos que fueron entrevistados por la periodista y editora Mónica Savirón para Noticias de Arte Cubano. Ayer, Gloria Rolando comentó sobre su carrera y experiencias en el evento. Hoy, Gustavo Pérez Cruz toma la palabra, y será seguido mañana por Gilliam de la Torre.

Cruz Gustavo Pérez Fernández

Cruz Gustavo Pérez Fernández (Camagüey, Cuba, 1962): Yo no tengo una formación académica. Desde muy temprano mi familia campesina me enseñó a diferenciar olores, colores y sonidos, y eso despertó en mí una vocación por lo sensorial muy fuerte. Tengo que padecer lo que voy a trabajar, e intento investigar a fondo los temas que me interesan, pero dejo siempre un espacio para la sorpresa y para descubrir cosas nuevas. Casi siempre giro la cara y la cámara a las zonas menos conocidas o menos reflejadas por los medios de comunicación, sin llegar al extremo de las minorías, aunque están presentes en mi obra: hablo de las minorías que se identifican conmigo. No sigo ningún derrotero específico, pero hay en todo mi trabajo una entrega y una identificacion muy fuerte con esto.

La cosa más linda que tiene Cuba, y que va a ser mejor el día de mañana, es la educación artística y cultural que sobre todo hasta los años 90 ha existido en Cuba. Todavía están ahí las instituciones, pero ha mermado la calidad de la enseñanza y la puesta en práctica de lo aprendido por parte de los alumnos. No es fácil hacer cine allí, como no lo es en ninguna parte. Cuba no es un lugar especial, no es un lugar exótico. Es un país que no tiene la suficiente comunicación con el resto del mundo, y el mundo aún lo mira desde una perspectiva política, pero esa mirada se queda antigua. Hace tiempo que dejó de ser lo que para muchos era ese lugar de resistencia, que va cediendo cada vez más. La gente de Cuba está muy dispuesta a seguir siendo independiente. En mi caso, siento el peso de mis 50 años escuchando hablar de política.

En Cuba es difícil hacer cine porque es difícil acceder a la tecnología y no hay compañías productoras. El ICAIC produce tres o cuatro películas al año, muchas veces en coproducción. El latido más fuerte está en el cine independiente, el que hacen los más jóvenes, y que se lleva a cabo con lo que cada uno encuentra a su paso para hacerlo, y ahí entra la amistad. Yo empecé escribiendo poesía, tengo cuatro libros escritos y una antología que resume esos cuatro libros. Después pasé años haciendo foto fija, hasta que se acabó la química, el papel fotográfico, y las películas. Las cámaras digitales son muy caras, así que decidí complicarme más y salté al cine.

Empecé haciendo cortometrajes, y ahora estoy interesado en historias más largas que me permitan profundizar en los temas y en los personajes. Unos productores portugueses me ayudaron al principio a hacer tres películas, y tengo dos más de manera independiente. El encuentro con los productores portugueses fue en Camagüey, el lugar donde vivo y donde moriré. El poeta, pintor, escritor de teatro y crítico literario Severo Sarduy (1937–1993) nació allí, y él es el motivo de mi próximo documental. Su filosofía estaba muy cerca del pensamiento de estructuralistas franceses como Roland Barthes.

Soy un cineasta de a pie e intento contar mis historias por encima de cualquier cosa, no puedo esperar a tener una gran cámara o grandes medios. Somos un equipo de tres o cuatro personas y queremos ir a Francia para filmar los espacios donde vivió Severo, y mirar con la misma inocencia y emoción que él debió de sentir cuando vio estos lugares por primera vez. Por qué no volvió a Cuba es una de las preguntas de mi película. Quizá fue por miedo, pero Severo se llevó su Cuba con él. Creo que el documental no llevará al espectador a una conclusión concreta, sino que levantará muchas otras preguntas, no hay una sola verdad. En el Seminario Flaherty me he encontrado a una neoyorkina que admira la obra de Severo y que le gustaría colaborar en el proyecto. Ella me ayudó a poner en YouTube un fragmento de mi película.

La experiencia de estar en el Flaherty ha sido muy importante para mí. Primero he disfrutado del silencio de una sala oscura, donde la gente respeta lo que está viendo. En el silencio de esa sala he podido discutir conmigo mismo, he reflexionado sobre mi trabajo, y después he tenido la oportunidad de escuchar a otras personas. En Cuba quedan pocas salas de cine, y hay también algunas en las capitales de provincias. Hubo un momento en que mi ciudad tuvo doce cines, y ahora sólo hay una pequeña sala de vídeo. Es una cuestión universal: a la gente le apetece más estar en casa viendo una película en alta definición en pantalla grande y cuando quiera, y esto ha derivado en muchas distintas posibilidades de acceder al arte. Desde Miami se envían paquetes televisivos a Cuba que contienen telenovelas, deportes, programas humorísticos, musicales, y se distribuyen y venden por toda la isla, lo que crea un consumo de una subcultura que no es definitavemente perjudicial, pero que puede ser dañina.

Del Flaherty me llevo muchas preguntas y muchas respuestas nuevas. Sería mucho decir que mi perspectiva como cineasta va a cambiar, pero sí puedo decir que he encontrado soluciones para problemas narrativos, además de hacer amigos y encontrar la solidaridad de personas que viven y trabajan como yo. Además es un privilegio sentir que estoy aquí porque mi película le pareció interesante a otra persona y ha decidido invitarme. En este seminario ha habido un tema de discusión que enfrenta al cine de narración más directa, más lineal, con un cine que propone una narrativa fragmentada, inconexa, y mi opinión es que esta discusión está trascendida, está vieja. Las dos formas de narrar son válidas, hay temas que se pueden contar de una manera que les conviene más. Me quedo con las horas de motivación sensorial de la narración entrecortada, con las emociones, y muchas veces sin intentar dar una explicación total a la pieza, ya que no es obligatorio para mí el hacer una lectura explicativa de lo que estoy viendo. El cine y el arte en general es muy subjetivo.

Este seminario ha sido un acercamiento a la ética del documentalista, una reflexión sobre cómo acercarse a la otredad, y me quedo con propuestas novedosas de forma, menos tradicionalistas, formas que responden a los nuevos tiempos. El tema etnológico que se ha propuesto aquí no lo podemos tratar como lo hizo Robert Flaherty. Pienso que es muy útil que nuevas formas se acerquen a nuevos temas, como en el cine que hemos visto del argentino Sebastián Lingiardi. Me ha hecho sentir vivo, con la capacidad de escuchar a otras personas, aceptar otros criterios. También me ha impactado mucho el trabajo cinematográfico del francés Sylvain George sobre la complejidad de la inmigración. Vivo en un país donde tenemos un profundo dolor con la inmigración, hay muchas familias divididas, con un lazo muy fuerte de amor y desamor que media esa división. Es triste porque de algún modo esto afecta a Cuba. Son los jóvenes más talentosos los que abandonan el país. La película de Sylvain está muy bien contada y tiene un ritmo muy intenso. Creo que está filmada con una profunda creencia en lo que se está haciendo, y ésta es la única manera de decir cosas importantes.