Tonel, Pais deseado, 1994
Cortesía de Uprising News, © Uprising Art

Para muchos visitantes, la 11na Bienal de La Habana ya está quedando en el recuerdo. Pero antes de que suceda, queremos compartir con los lectores de Noticias de Arte Cubano una de las más interesantes exposiciones entre las muchas muestras colaterales a la Bienal: Las Metáforas del Cambio en el espacio de arte contemporáneo Factoría Habana. Tuvimos la suerte de disfrutar de un paseo por la exposición en compañía de los curadores Alejandro Machado Font y Concha Fontenla, quien también es la directora de Factoría Habana.

Antes de empezar, los curadores explicaron que la muestra toma como referencia un galardonado ensayo histórico por la historiadora cubana Marial Iglesias Ulset, Las Metáforas del Cambio en la ‘vida cotidiana’, Cuba 1898-1902. Explorando el surgimiento de la nueva República de Cuba después de la Guerra de Independencia (conocida en los EE.UU. como la Guerra Española-Americana), el ensayo se centra en los cambios cotidianos que tuvieron lugar durante ese tiempo, la destrucción de monumentos españoles, por ejemplo, y su sustitución por otros nuevos que reflejaran la república, como una forma de entender esta transición histórica crucial.

«Pensamos lo mismo sobre el arte», dijo Machado Font. «Creemos que se puede ver la evolución de una sociedad a través de su arte. Así que hemos querido investigar la producción de arte en Cuba desde la década de 1980 hasta ahora, para entender esto”.

La exposición no fue concebida como una serie de importantes momentos históricos. “Algunos de los temas han cambiado, pero otros no son más que costumbres en evolución», dijo Fontenla. “Una evolución gradual, no cambios bruscos» Agregó Machado Font: «La idea es reunir obras que representen los pequeños cambios», en un mosaico cultural. «Al ponerlos juntos como una recopilación, se pueden ver claramente los cambios entre épocas».

El punto de partida de la muestra fue País deseado (1994) una instalación de pared por Tonel que utiliza placas de cerámica y figuras de santos, imágenes de buena suerte, piezas decorativas-para representar a la isla y definir el título de la obra. Estas imágenes fueron hechas y vendidas en la década de 1980 en una industria informal, artesanal. «Cuando uno entra en una casa cubana, puede ver estas figuras», dijo Machado Font. «El indio de buena suerte, el elefante, el buda cuyo vientre se frota para la suerte. Algunos están en la cocina, otros en la sala. Las figuras religiosas también están asociadas con la santería. Y hay un elemento reconocido del kitsch. Se trata de un mapa cultural de La vida cubana en la década de 1980-un mapa del gusto y el mal gusto, de la población. »

Con País deseado como introducción general a la exposición, se pasó a Korda, uno de los fotógrafos más importantes de principios de la revolución. Una muestra de agricultores reunidos en mítines, alfabetizadores en los desfiles llevando grandes lápices –capturaron el espíritu de los tiempos, cuando prevalecía el anhelo por el progreso y las necesidades de la sociedad en su conjunto superaban con creces cualquier beneficio individual.

Muy cerca se encontraba una gran instalación de piso de José Manuel Fors de la serie Atados de memoria, que muestra paquetes de cartas familiares y fotografías del tamaño de un ladrillo que abarcaban distintas generaciones dispuestas en una configuración transversal. «Fors trabaja con la memoria», explicó Fontenla. «Tiene un estilo que lo identifica–nadie más trabaja así. Materiales siempre familiares, recuerdos, en contraposición a los colectivos, a las tendencias que ponen a las grandes masas ante todo.» De acuerdo con Machado Font, el propio artista explica que la forma de cruz hace referencia a las cruces que se encuentran en prácticamente todos los hogares cubanos tradicionales.

Una segunda serie fotográfica de Korda le dio un sentido diferente a la muestra al explorar el cambio de actitud hacia la expresión religiosa. Tomada directamente de sus cuadernos personales que contienen las copias fotográficas originales, la muestra Bembé presenta una reunión religiosa afrocubana en una casa privada. Yuxtapuesta con estas imágenes, fotos recientes de Raúl Cañibano reflejan una actitud diferente. En una imagen, la figura de la Virgen de la Caridad del Cobre es llevada en procesión pública, y en otra, figuras de la santería están a la venta en la calle. En los primeros años de la revolución, observó Fontenla, la religión era «más íntima, oculta, semi-prohibida-no vista. Ahora, ha habido un gran cambio con el sincretismo afrocubano y la religión católica, todo mezclado y en público. »

En el segundo piso de la galería, se introdujo el tema de la sexualidad con una serie de collages eróticos por Raúl Martínez, de las series Dibujos para colorear y La Conquista, realizada en la década de 1990 pocos años antes de su muerte. Machado Font explicó que Martínez creó las obras «para sí mismo.” Él sabía que ninguna galería mostraría sus trabajos «en ese momento. Todas las imágenes que Machado señaló fueron tomadas de revistas pornográficas importadas. «En aquel entonces a nadie se le hubiera ocurrido aparecer en algo como esto. »

A través de la galería, una serie de Eduardo Hernández, Muro travestido, dio fe de cómo evolucionó la actitud en décadas posteriores. «Es una de las primeras veces que personas se fotografiaban para desde una obra de arte, abordar el tema,» dijo Machado Font. Al igual que las piezas de Martínez, las obras incluidas en Muro travestido son collages, fotografías en blanco y negro adornadas con coloridas formas tomadas de revistas de moda.

El recorrido continúa con obras de Rocío García, Toirac y Marrero, Lázaro Saavedra, Sandra Ramos, Abel Barroso, Eduardo Laplante, y Ricardo Elías.