Cuando hablamos de Detrás del muro por primera vez, en nuestro avance de la Bienal en noviembre del año pasado y luego informamos sobre sus principales acontecimientos en febrero, sabíamos que iba a ser uno de los proyectos más ambiciosos de esta Bienal, que tiene como objetivo esencial llevar el arte a las calles. Sin embargo, no pensamos que sería tan divertida.

Realidad/Happily Ever After de Rachel Valdés.
Cortesía de Cuba Debate

Algunas de las obras incluidas en el proyecto, como la torre con 16 pares de orejas de Alexandre Arrechea bajo el título Nadie escucha, fueron instaladas con antelación. Pero una semana antes de la apertura, el Malecón acogió varios grupos de artistas que trabajaban arduamente instalando y preparando sus obras. A medida que pasaba el tiempo, la falta de rótulos para las obras de arte convirtió el paseo nocturno a lo largo del Malecón en un viaje de descubrimiento, a veces surrealista: el caminante del Malecón se topa con una fantasmal extensión del muro del Malecón rematado en plexiglás transparente, en la muestra (Limites de Donis Dayán), o un par de gigantescos remos de madera tirados en la acera (de Kcho), que de inmediato se convirtieron en bancos para los pescadores durante la noche. ((Para obtener imágenes de algunas obras en Detrás del muro, visita la galería en la página de Facebook de Noticias de Arte Cubano).

Debido a que la apertura estaba prevista para el Día de las Madres, en la noche el Malecón atrajo una multitud aún mayor de lo habitual, incluyendo a muchas parejas y familias multi-generacionales, que libremente se mezclaron con la «gente del arte», explorando sus trabajos: abriendo y pasando a través de las puertas de Possible Chances (Posibles Opportunidades) de Rafael Domenech, una escultura de puertas rojas de diferentes tamaños. Los espectadores también se tomaron fotos con la muestra Nadie escucha, a veces con un brazo sobre una oreja, o descansaban en Bancotodos, una escultura de bancos en círculo de Inti Hernández.

La noche tomó rápidamente un aire festivo, en parte debido a la presentación de algunas obras. En Poemas para un agujero, Fidel Ernesto Álvarez envió una tropa de artistas al Malecón, cada uno con enormes manojos de globos de helio en blanco, y sus cuerdas amarradas a una estrella de mar. Más tarde, los globos fueron lanzados, cada manojo con su estrella despegó como un enorme pájaro en el cielo.

Por el contrario, Sujeto de Carlos Martiel estaba más que con los pies en la tierra, con Martiel desnudo, tendido en el suelo acostado, inmóvil sobre el arrecife, con anzuelos insertados en su piel, que lo mantienen conectado al muro del Malecón. Pureza de Aimée García presenta dos mujeres colocadas cada una al extremo de un largo tapete negro, tejiendo una capa que protegerá durante algunos días al Malecón habanero. Entre ellas, el tejido se extendía como una alfombra enorme, convirtiendo el muro del Malecón — sede habitual de los habaneros— en un lugar más cómodo para el disfrute familiar. Fe de Adonis Floris, una enorme escultura plana, hecha a mano, asume proporciones gigantescas convirtiéndose en un performance inadvertido ya que los que estaban a cargo de su instalación trataron de terminarla durante la apertura. Se ajustaba perfectamente con el espíritu de la noche.

Algunos de los artistas que figuraban en la propuesta original del proyecto al final no participaron, mientras que otros rediseñaron sus propuestas. Originalmente concebida como una serie de señales de alta fidelidad proyectadas sobre los edificios que se encuentran frente al Malecón— representando el deseo conmovedor de tener un mejor acceso a Internet en la isla—- la obra Sueño de una noche de verano de Alejandre González se convirtió en Sueños húmedos, una serie de antenas Wi-Fi, que fueron reflejadas en pequeña escala y emplazadas en los cercados que rodean la locación. Se planificó ubicar a Islas de Florencio Gelabert en alta mar para romper la línea del horizonte, pero las coloridas islas pequeñas -incluyendo una con un loro disecado — terminaron en el agua. Originalmente propuesta como una bandada de enormes remolinos, Tiempo de Juego (Playtime) de Marianela Orozco se convirtió en un solo molinete – un objeto para complacer a la multitud (y centro de la atención de los fotógrafos de todos modos.) El proyecto de Esterio Segura Submarinos hecho en casa fue parte de la exposición como estaba previsto, y también se convirtió en el tema de una exposición de una galería independiente.

Muchas de las piezas más exitosas tenían una calidad juguetona que compensaba su significado metafórico o significados subyacentes y llamaba la atención de los transeúntes. Disección de Duvier del Dago volvió a crear uno de los antiguos cañones de la fortaleza con papel maché que el público admiró con gran curiosidad. Fly Away de Arlés del Río, que consiste en una valla de alambre que ha sido violentada por la silueta de un avión, provocó que más de un espectador extendiera sus brazos en respuesta. Y en el calor húmedo de la noche, Aire Fresco de Roberto Fabelo Hung – una malla traslúcida que prevé los glaciares que flotan en el puerto— trajo su cuota de comentarios y risas.

El proyecto que tal vez definió la noche más claramente fue Realidad / Happily Ever After de Rachel Valdés, un espejo gigante de una gran longitud situado en la acera de enfrente del muro del Malecón. Variadas interpretaciones fueron dadas por aquellos que se deleitaban mirándose a sí mismos y tomando fotos hasta convertir la pieza en la sensación de la noche. Valdés convirtió la muestra en todo un acontecimiento mediante la adición de música en vivo y un bar portátil que brindaba mojitos a todas las familias que se paseaban por el Malecón, a los visitantes Bienal, los artistas, y todo el mundo. Las abuelas se sentaron en el muro frente al espejo de Valdés, junto a los artistas, y los niños. En resumen, la apertura de Detrás del muro fue uno de los viajes más memorables al arte público y una provocativa exploración del tema de esta Bienal su, «las prácticas artísticas y el imaginario social».