Descemer Bueno

Una de las figuras más activas de la nueva generación de músicos cubanos es sin dudas, Descemer Bueno. Es uno de los mejores ejemplos de la hibridación por la que de modo creciente apuestan los jóvenes creadores de nuestro país. Junto con Roberto Carcassés y Pavel Urquiza, integra una triada de productores que ya resultan imprescindibles en el nacimiento de una sonoridad otra en el medio musical de la isla y su diáspora. Este sonido se caracteriza por el abandono de un lenguaje basado exclusivamente en estructuras tradicionales, proceso en el cual incide también una redefinición multicultural de la Isla y, de telón de fondo, un contexto internacional abigarrado donde el sujeto cultural unívoco de la modernidad tiende a desaparecer.

En dicho escenario se inscribe la música de este habanero. Formado de inicio como guitarrista clásico, devino luego bajista al integrarse a las filas de Estado de Ánimo, una de las bandas cubanas de mayor importancia durante el decenio de los noventa del pasado siglo, tanto por su trabajo como agrupación de respaldo del cantautor Santiago Feliú, como por la obra que el ensamble dejó en los terrenos del jazz.

En una entrevista concedida hace ya algunos años a Ariel Fernández, estudioso de la cultura hip hop y destacado promotor, Descemer da una llamativa explicación de lo que hoy está pasando con la música cubana, y de las razones que, en su opinión, originan que en la actualidad ésta experimente un proceso de desarraigo y desplazamiento transterritorial, empujado por una diáspora que la lleva a rebasar fronteras y marcar nuevos rumbos: “La música cubana viene con los orishas, y ellos son los que han dado el permiso para que se abra y viaje a todos los continentes. Para que conviva en otras partes y se mezcle con otras músicas”.

Afincado en Estados Unidos desde el 2000, con cíclicas estancias en Cuba y España, el primer proyecto importante en el que se vincula Descemer en tierras norteñas fue Yerbabuena, agrupación influenciada por ritmos afrocubanos. En su primer álbum, President Alien, Bueno tuvo una participación decisiva como compositor de varios temas y arreglista. El disco fue todo un suceso comercial en el mercado discográfico estadounidense.

Con su ópera prima, dicha banda fue considerada por medios como The New York Times o The Washington Post el grupo que mejor ha prodigado la llamada fusión afrolatina con un aliento globalizador en la primera década de la actual centuria. Tras esta experiencia, en 2004 fundó –junto a su antiguo compañero de estudios y de la banda Estado de Ánimo, el guitarrista Ahmed Barroso- el grupo Siete Rayo (expresamente sin la «s» al final).

El concepto detrás de este ensamble, que trabajó con músicos cubanos residentes en New York y Miami, era mezclar ritmos típicos de nuestro país como el cha cha cha, la timba y el changüí, con elementos sonoros del Caribe como el reggae, calypso o reggaeton, y hasta un poco de cumbia colombiana y de funky. El resultado final de tales uniones de géneros y estilos, por fortuna registrado en un fonograma, es una refrescante sonoridad urbana, de vibra contemporánea, que pone énfasis en usos vocales muy de la escuela del hip hop, a manera celebratoria de la herencia de la más reciente diáspora africana en Estados Unidos.

Contentivo de doce cortes, en el álbum de Siete Rayo se destacan piezas como «Mueve», de aires flamencos, con un llamativo contrapunto entre las voces de Descemer y la solista Magilee Álvarez (muy recordada entre los seguidores de la canción contemporánea por sus colaboraciones con Luis Alberto Barbería, antes de que ambos marcharan de Cuba) o «I am going on the train», tema en el que se entrelazan lo tradicional y lo moderno en un escenario postmoderno.

A lo largo de casi todo el disco prevalece el empleo del spanglish, fenómeno lingüístico que mezcla los idiomas de Cervantes y Shakespeare, híbrido que cada vez más se expande por las áreas hispanas de Estados Unidos. Así, las letras de las canciones de Descemer se mueven entre la jerga habanera y la yankee, el discurso textual de estas melodías refleja los elementos de biculturalidad de los cubanos de Miami y en general de los latinos en Norte América.

De las raíces de Siete Rayo es que tiempo después nació Cubiche, agrupación de jóvenes músicos cubanos que en la actualidad residen en Miami. Este ensamble es representativo de la música cubana alternativa en la diáspora, es un paso más en el camino de afianzar el carácter cosmopolita de nuestra creación musical por medio de apelar a constantes procesos de hibridación entre los múltiples géneros y estilos oriundos de la Isla con disímiles sonoridades de todo el mundo.

Es significativo comprobar las similitudes entre proyectos como Cubiche, Interactivo y Habana Abierta, más allá de haber visto la luz en distintos puntos de la geografía planetaria, sean Miami, La Habana y Madrid. Los tres colectivos otorgan prioridad a un formato de colaboración mutante, en el que interactúan músicos de diverso background que, paralelamente, “cuentan con carreras independientes –una de las características distintivas de la escena musical cubana transnacional desde fines de los noventa–“, como ha señalado la investigadora Eva Silot Bravo.

Dada la manifiesta propensión de Cubiche al diálogo con una amplia gama de formas de concebir la música (del jazz a lo afrocubano, pasando por los aires brasileños, el reggae, la timba, el rock, la cumbia y el pop) se les ha denominado el «New Miami’s stage funky sound». La rica amalgama por la que apuesta la agrupación es posible por el nivel cualitativo de los músicos que la componen. Pero no es únicamente el hecho de lo musical lo que llama la atención en el quehacer de este conjunto.

A tono con la filosofía de Descemer, su figura principal, ellos persiguen que su lírica también refleje (como asegura Silot Bravo) “un panorama muy completo del paisaje sociocultural de Miami desde la perspectiva de los emigrantes llegados más recientemente”. Un vívido ejemplo de ello es la canción titulada “Ponte pa’ la música”, demoledora crítica a lo que no pocos estiman como la falta de oportunidades y apoyo a la música y los músicos cubanos en el mercado miamense.

Ante problemas tan complejos y de larga data como el diferendo cubano-estadounidense o el existente entre la nación cubana y parte de su emigración, la formación encabezada por Descemer Bueno defiende el principio ideoestético de desarrollar la cultura como lugar de encuentro signado por la neutralidad. Es dejar a un lado el abrazo asfixiante de la política porque, al decir del violinista y teórico del arte Alfredo Triff “La política divide, la música une. Separarse de la política no es necesariamente vivir de espaldas a ella. Es sencillamente evitar su abrazo maldito.”

Con varias nominaciones a los premios Grammy y Grammy Latino, así como galardonado con el Goya en España por su participación en la banda sonora de la película Habana Blues, el bajista, orquestador, trovador, productor o en una palabra: músico, Descemer Bueno ha cantado justamente a la esperanza de crear puentes de comunicación y entendimiento entre cubanos partidarios de una u otra forma de pensar, más allá del sitio donde hayan decidido radicarse.