Guillermo Collazo, Retrato de Carmen Bacallao de Malpica, 1883
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En mayo de 1942, se realiza en el Lyceum la Tercera Exposición de arte cubano retrospectivo por iniciativa de Govantes, con diecinueve retratos realizados por Vicente Escobar. En la lista de los propietarios de las pinturas no hay ninguna propiedad de Govantes. Es casi seguro afirmar que pese al interés que este artista despertó en el coleccionista, nunca llegó a poseer una de sus obras. Quizá la razón sea de orden temático, ya que el Escobar se dedicó en exclusiva al retrato y el género religioso.

En agosto de 1942 Govantes era nombrado Ministro de Obras Públicas durante el gobierno constitucional de Fulgencio Batista. Ocupará el puesto hasta marzo de 1943, en medio de una conflagración mundial que poco le permitió realizar en este Ministerio. En este período se enmarca su participación activa en otra exposición fundacional: Exposición de cartografía, urbanismo, fotografía y grabados antiguos de Cuba. La muestra organizada por Domingo Ravenet y Guy Pérez Cisneros, tuvo lugar en un ala del antiguo Convento de Santa Clara (entonces Ministerio de Obras Públicas) en el marco del Primer Congreso Histórico Municipal Interamericano.

El discurso inaugural de la exposición, pronunciado por Govantes acerca del grabado antiguo, se convertía en otra referencia obligada para los estudios del arte colonial. La noción de insularidad, la representación de la Isla y sus puertos en la cartografía europea será otro de los temas que se incorporan a partir de este discurso expositivo a nuestro repertorio visual.

Ciertamente muchos de los grabadores extranjeros de los siglos XV-XVI sólo conocieron a Cuba por la referencia de viajeros y marinos. Pero el interés generado a partir de los grabados exhibidos en el Convento de Santa Clara, convirtió a autores como Ortelius, Mercator o Hondius, en los nombres con que se inicia cualquier muestra retrospectiva de arte cubano. No poco, insistimos, se debe a la utilización que estudiosos y curadores harían posteriormente de los textos de Evelio Govantes sobre el arte en la colonia.

Evelio no vio contradicción entre el disfrute público y la propiedad privada de sus piezas. Abrió sus puertas en más de una ocasión a la documentación y conocimiento de su tesauro. La serie de artículos sobre el Tesoro Artístico Nacional que emprende Luis de Soto en la revista Carteles (1946-1950) dedicó dos de sus ediciones a la colección Govantes y sus muebles aparecen referenciados en el conocido libro de Anita Arroyo. Y en 1950 apareció – con veintinueve obras prestadas – entre los coleccionistas que contribuyeron a la exposición La Pintura Colonial en Cuba, efectuada en el Capitolio Nacional con doscientos doce cuadros.

El rostro público de Govantes muestra numerosas condecoraciones y membresías: Medalla de Oro en el Congreso Panamericano de Arquitectura de Río de Janeiro; presidente de la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo de la Ciudad de la Habana; miembro de la Comisión Nacional de Arqueología; miembro de número de la Sección de Arquitectura de la Academia Nacional de Artes y Letras; presidente de la Comisión Nacional de Urbanismo y de la Comisión de Monumentos. Desde 1955 a 1959 será uno de los vocales del Patronato Nacional de Bellas Artes y Museos Nacionales, junto a coleccionistas como Julio Lobo, José Gómez Mena, Oscar B. Cintas y Ernestina Pola.

Su nombre apareció en la Ley Nº 112 del 27 de febrero de 1959 –que confiscaba los bienes malversados por Fulgencio Batista y las figuras que ostentaron cargos públicos desde el 10 de marzo de 1952. Govantes había sido miembro del Consejo Consultivo en esa etapa. Sin embargo, fue una de las escasas figuras conocidas que no abandona el país, para demostrar que sus ingresos procedían legalmente del contrato de la Biblioteca Nacional.

Retirado de la vida pública, vive en Cuba hasta después de 1975 cuando emigra a los Estados Unidos donde radica su familia. Muere muy anciano en total anonimato. La residencia de Govantes, luego de éste abandonar la isla, se destinó al uso del Cuerpo Diplomático acreditado y las piezas de la colección que conservaba, engrosan desde entonces algunas colecciones estatales de Cuba.