El músico y compositor Arturo O´Farrill, hijo del mítico jazzista Cubano Chico O´Farrrill y ganador de un premio Grammy, completó recientemente una gira de una semana por Cuba. Al frente de la Chico O´Farrill Afrocuban Jazz Orchestra, era la culminación de un sueño que comenzó ocho años atrás. Arturo nos narra los momentos más calientes del viaje, las piezas compuestas para la ocasión y la deuda del jazz con la música cubana.

Nos comenta sobre su padre, Chico O´Farrill?

Mi padre es considerado una de las voluntades fundadoras, si no el arquitecto, de la jazzband contemporánea. Por supuesto, Chico nació en La Habana y la dejó en sus veinte años para crearse un nombre propio en la música. Se mudó a Nueva York donde se convirtió en el arreglista más solicitado. Él fundió los mundos de Cuba y América, arreglaba tanto para Machito como para Count Basie, para Dizzy Gillespie, Ringo Starr y David Bowie, Stan Kenton, Clark Terry, los grandes figuras del jazz y la música latina.

Fue también un prolífico compositor, autor de la que es considerada la obra seminal del jazz afrocubano: la “AfroCuban Jazz Suite”, que grabó con Machito, Charlie Parker, Flip Philips y Buddy Rich. De manera que fue una figura central en el desarrollo del llamado Cubop.

En Cuba, la familia O ´Farril se remonta atrás en varias generaciones?

Después de visitar a los historiadores en San José de las Lajas, nuestro pueblo natal, creo que los primeros O´Farrill vinieron a Cuba a mediados del siglo XVII en un barco portugués y se asentaron en San José. Temporalmente emigraron a la capital y fueron prominentes personalidades en el mundo de los negocios, la academia y el gobierno, y contribuyeron a la vida cotidiana en La Habana.

Ante del viaje del mes pasado, cuántas veces había ud regresado a Cuba?

El mes pasado hice mi quinto viaje a la isla desde el año 2002. Entonces Chucho Valdés tuvo la generosidad de invitarme al Festival Internacional de Jazz de Plaza.

Qué hizo este viaje distinto?

Estuvimos planificando este viaje desde el año 2002, cuando inicié este sueño de que podría retornar mi padre, no físicamente por supuesto, a Cuba. El murió con el corazón roto, reconocía que nunca regresaría a su amada isla. Era en realidad la única emoción que provocaba sus lágrimas, su dolor emocional. Desde niño y luego de joven, sentí el dolor de mi padre.

De manera que cuando regresé en el 2002, ya con mi padre fallecido, comencé a imaginar cómo devolverlo a Cuba, de algún modo, a través de su música, tocarla aquí y con mi madre como espectadora de este evento. Sería un modo de cerrar el círculo espiritual, artístico, familiar, del reencuentro.

También implicaba pagar una deuda cultural. Porque si oyes la música de Chico O´ Farrill, descubres que mucho de lo que ha evolucionado el mundo del jazz es música cubana. Algunos aspectos de esta música sólo pueden venir de ritmos, texturas y esquemas compositivos de influencia afrocubana. Yo buceé en esas aguas, y nunca tuve la oportunidad de devolverlas, de traerlas a casa. Para mí, la oportunidad de interpretar esta música es el modo de decir: gracias al pueblo cubano, a su cultura en general, por su fecunda influencia.

Por supuesto, la otra parte es reconocer que la música cubana es aún incomprendida como fuente del jazz, como debiera ser.

Así que fuimos a Cuba. Realizamos cuatro conciertos, dimos clases magistrales, otros eventos y recepciones. Fue absolutamente maravilloso. No solo logramos el propósito que nos habíamos fijado, lo sobrepasamos.

Como músico, para ud cuál fue el punto más alto del viaje?

Fue el día final en La Habana, con el concierto de clausura en el Teatro Mella. A teatro lleno, escuchando la obra maestro de Chico en su patria e interpretada por sus músicos. Qué tremenda alegría.

Fue igualmente emocionante cerrar la función con una pieza compuesta especialmente para ese momento. Había compuesto una obra llamada “Padres e hijos: de La Habana a Nueva York y de regreso”. Chucho Valdés actuó junto a la orquesta de Chico, con mis hijos también, y seis extraordinarios jóvenes músicos del patio. Fue un verdadero homenaje al futuro, gracias a las personas que nos apoyaron desde muchos sitios. Dedicado no únicamente a Chucho y su hijo, a su padre Bebo, a Chico y Arturo, sino a todos los grandes músicos el mundo y más allá de las ideologías.

Y personalmente, cúal cree que fue el climax?

Tuvimos la oportunidad de tocar en la plaza central de San José de las Lajas, la villa de mi padre. Yo había solicitado al Ministro de Cultura de Cuba la posibilidad de ofrecer conciertos gratis para los cubanos. Porque muchas veces los conciertos de prestigiosos artistas suceden en espacios fuera del alcance del Cubano, o (risas) del norteamericano medio como ocurre aquí en USA.

De manera que dar un concierto en la plaza de San José, frente a la iglesia, era como hacerlo en el major sitio de La Habana. Es quizás raro agradecer a un país por su contribución cultural. Y más que a un país, a los cubanos. Un agradecimiento a las personas que crean esos ritmos cotidianamente en Cuba, personas que crean la cultura de un sitio.

Son las personas normales. Evoco a mi padre como un joven que fue modelado por eventos que crearon su comprensión, sonidos y ritmos y olores que solo procedían de la diaria vida en Cuba. Para mí, la oportunidad de agradecer a los cubanos era un chance de una vez en la vida.

Su organización, la Afro Latin Jazz Alliance, recibió para este viaje apoyo financiero de la Fundacion Farber, organización que promueve Cuban Art News. Le fue útil este apoyo?

De la Fundación recibimos el único apoyo institucional para este viaje y realmente decidió la balanza. Recibimos la invitación official del Festival Jazz Plaza solo a seis semanas de partir. Y literalmente recibimos la licencia del Departamento de Estado antesde volar. De manera que lograr este apoyo para viajar con 18 músicos y cinco auxiliares fue realmenmte fantástico.

No creo que existen muchas organizaciones dedicadas a promover el intercambio entre Cuba y Estados Unidos. Y es increíble porque el jazz cubano y el norteamericano salieron de las mismas raíces. Tienen tanto en común, tantos aspectos por explorar que podrían enriquecer e incluso salvar el future del jazz. Para mí es inimaginable no invertir en explorer esas raíces, esas similitudes y posibles colaboraciones. Aplusos a la Fundación por reconocer y comprender que este viaje implicaba no sólo dimensiones personales, familiares sino también culturales, artísticas y haberlo apoyado.

Última pregunta: piensa volver?

Me gustaría volver, especialmente en la primavera, Abril, Mayo. E imaginar un nuevo viaje, más extenso para visitor cuatro o cinco ciudades durante dos semanas, dando conciertos abiertos en las plazas públicas.

Nos gustaría, especialmente, tocar en Santiago de Cuba, dar conciertos abiertos en la Sala y plaza situada en el centro de esa ciudad. Mucha de la llamada música afrocubana vino y sigue manando de Oriente. Ya ve, hablamos mucho sobre Matanzas pero tenemos una gran deuda con Santiago. Regresar y dar conciertos a través de la isla sería un sueño formidable.

Por supuesto, daríamos los conciertos en el prestigioso teatro pero adoro dar conciertos abiertos. Esto lo traigo de Estados Unidos: desde una esquina o una plaza o un parque ofreces música libremente. Así crecimos. Así crece tu música. Así es como crece el futuro.

Un pensamiento final?

A las personas interesadas en apoyar estos sueños, pueden estar en contacto, sea a través de la Fundación o mediante el sitio web de la Afro Jazz Alliance, con la clave de Cuba.

Le garantizo que ésto es solo un comienzo. Creo que solo hemos arañado la piel de lo que podremos hacer.