Amelia Peláez, Un jardín, 1945
Courtesy Christie’s

En la primera parte de esta entrevista, cortesía de CubaSi, el distinguido curador Roberto Cobas reflexiona sobre su larga e intensa carrera en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba. Hoy Cobas comparte su pasión por el cine y las historietas, la fascinación con la obra de Wifredo Lam y planes futuros para el y el Museo.

Igualmente destacada ha sido su labor como investigador y crítico, tanto sobre arte, como sobre cine cubano, textos que han enriquecido, y enriquecen, algunas de las más prestigiosas publicaciones sobre estas dos manifestaciones artísticas en la Isla. ¿Existe alguna motivación personal o relación estética entre éstas que lo motiven a reflexionar e investigar de la manera tan acuciosa como usted lo hace?

El cine es mi otra pasión. Y en particular siempre me ha atraído el dibujo animado, al punto que hice mi tesis de grado sobre la evolución de esta expresión artística en Cuba. Sin duda, existe una conexión entre ambas expresiones, identificadas en su aspecto plástico, al punto que es posible distinguir por sus diseños la obra de notables realizadores del cine de animación cubano, como Juan Padron, Tulio Raggi y Mario Rivas. De etapas anteriores habría que mencionar a Jesús de Armas, fundador del Departamento de dibujos animados del ICAIC, y Hernán Henríquez. En marzo de1984 logré unir ambas expresiones artísticas en el MNBA, en una muestra de dibujos, diseños y carteles, en el contexto del aniversario 25 del ICAIC. Esta exposición, inaugurada por ese gran documentalista que fue Santiago Álvarez, fue mi primer trabajo como curador.

Mi motivación por el cine siempre ha sido muy fuerte, hace algunos años era fiel asistente a los magníficos ciclos que preparaba la Cinemateca de Cuba, entre ellos recuerdo una muestra del cine expresionista alemán que resultó algo verdaderamente impresionante o el programa dedicado al Centenario de natalicio de Charles Chaplin, en 1989, que hizo reír y llorar a no pocos en la sala que hoy lleva su nombre.

Si la vida no me hubiera orientado hacia el trabajo de curador en el MNBA, seguramente hubiera estado vinculado de alguna manera al cine, el cual sigue siendo para mí una expresión artística apasionante.

Múltiples han sido, y son, sus aportes a la Cultura Cubana, razón por la cual es acreedor de la más alta distinción que otorga el Ministerio de Cultura; fecunda obra a la que ha dedicado y dedica buena parte de su existencia. ¿En qué emplea Roberto Cobas el poco tiempo libre que le queda?

Durante mucho tiempo llevé una vida en la que no disponía de tiempo libre, lo cual es un error. Trasladaba el trabajo del museo para continuarlo en la casa, como si fuera un hobby. Hoy considero que es importante defender ese espacio de tiempo que debemos dedicar al esparcimiento personal y al disfrute más íntimo con la familia y amigos. No obstante, una parte de ese llamado “tiempo libre” lo he dedicado también a escribir textos para libros como el ensayo Mariano Rodríguez en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana: esplendor y carencias de una gran colección, para el tomo I del catálogo razonado de Mariano Rodríguez; otro texto titulado Eduardo Abela: pintor cubano y universal, para un libro de este gran pintor cubano cuya presentación se realizará probablemente en noviembre del presente año en el MNBA, ambas con el sello de Ediciones Vanguardia Cubana cuyos principales organizadores, Alejandro Rodríguez, José Veigas y Ramón Vázquez, están realizando un trabajo extraordinario de rescate de las principales figuras de la modernidad histórica de la Isla.

También quiero citar el ensayo que me solicitaron sobre el dibujo animado cubano para la Enciclopedia del cine iberoamericano, de reciente aparición en Madrid. Realmente para mí fue una gran sorpresa y enorme satisfacción que me pidieran un texto para una publicación tan importante y definitiva como es una Enciclopedia. Creo que no he escrito algo que sea tan importante como ese ensayo. Todo esto ha consumido una parte de mi tiempo libre. A mediano plazo pienso escribir un libro sobre El retrato en la vanguardia cubana, intentando mostrar la evolución que sufrió este tema según la apropiación que realizaron los artistas de nuestra modernidad de los nuevos lenguajes artísticos, y un libro en el que recopilé cuentos clásicos infantiles, con ilustraciones realizadas por Conrado Massaguer, el cual tiene como titulo El regreso de Pulgarcito.

¿Cuáles son las mayores dificultades o contratiempos que enfrenta en su trabajo, tanto como crítico, ensayista, curador e investigador?

Básicamente, un problema de organización del tiempo. Saber proyectar las tareas en un cronograma de acción que resulte efectivo y racional es una gran virtud, que realmente no poseo. En ocasiones he emprendido más de un trabajo a la vez, lo cual no es recomendable para conseguir resultados investigativos perdurables.

Dentro de su amplia labor como curador y estudioso de arte se observa una clara inclinación hacia la obra de Wifredo Lam, al punto de ser considerado como uno de los más completos conocedores de la creación plástica del más universal de los pintores cubanos. ¿Qué causas o emociones motivaron esa predilección?

Mi encuentro inicial con la obra de Lam fue casual. Comenzó cuando tuve el placer de trabajar con José Manuel Noceda, -investigador de primera línea sobre la obra de este gran artista cubano- en una exposición sobre el maestro que se iba a realizar en Brasil a finales de los años ochenta. La muestra nunca se llevó a cabo, pero la fascinación que despertó en mí la obra de Lam se convirtió en una especie de obsesión por comprender las claves que existen en su pintura.

Así, en 1991, Noceda y yo unimos nuevamente fuerzas para realizar la exposición Lam desconocido, dando a conocer aquellas obras del artista que no se habían exhibido con anterioridad. Para nuestra sorpresa logramos articular un conjunto muy fuerte de obras, en particular pintadas sobre papel kraft. Aquella muestra se nutrió de piezas de la propia colección del MNBA no exhibidas anteriormente y otras procedentes de la galería La Acacia y de colecciones privadas. Como parte del trabajo investigativo, y gracias a la pericia de un grupo de restauradores del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, se rescataron varias obras totalmente desconocidas que estaban pintadas al reverso y cubiertas por una tela supuestamente protectora del soporte de papel.

Esta fue una de las grandes revelaciones de la muestra. La exposición se exhibió en Casa de las Américas en el contexto de la IV Bienal de La Habana. Aquella muestra llamó la atención del público, la crítica y de especialistas y curadores de otros países. Por ejemplo, Roberto Littman, director del prestigioso Centro Cultural de Arte Contemporáneo de ciudad México, quedó fascinado con la pintura sobre papel de Lam y le propuso al MNBA de La Habana la organización conjunta de una exposición para llevarla a tierra azteca y dar a conocer estos tesoros.

Quedamos encargados de esta muestra mi colega y amigo Ramón Vázquez y yo. Este trabajo fue muy importante desde el punto de vista de la indagación sobre su obra, ya que se definieron núcleos temáticos, títulos de obras y fechas en aquellas piezas que no estaban firmadas por el artista. La búsqueda de datos sobre su obra continuó avanzando y permitió preparar una importante muestra que se exhibió en Buenos Aires, Argentina, en 1994, y posteriormente en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile, en 1995.

Para no hacer extensa la relación te comento que entre las más recientes exposiciones del artista en la que hemos participado se encuentra una de carácter retrospectivo organizada por el prestigioso Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y el MNBA de La Habana, curada a cuatro manos por Jorge Contreras, un excelente curador de esa institución, y yo. Fue inaugurada en agosto del 2008. La muestra abarcó desde obras tempranas realizadas por Lam en los años veinte hasta una selección de grabados de la serie El último viaje del buque fantasma, concebidos por el artista en 1976 y basados en la obra homónima de Gabriel García Márquez.

Puedo decirte que la obra de Lam tiene una riqueza tan grande que con frecuencia resultamos sorprendidos ante cada nuevo acercamiento a ella y la influencia que ejerció en el contexto de la plástica cubana, latinoamericana y universal.

El nombre de Roberto Cobas, aunque usted mismo no lo entienda así, debido a su extraordinaria modestia y sencillez, está ya fuertemente vinculado a la historia del arte y la cultura cubanos. ¿En qué medida le ha sido retribuida esa total entrega por parte de la institución para la cual ha trabajado siempre? ¿Puede considerarse un hombre realizado profesionalmente? ¿Qué queda por hacer entre los objetivos esenciales trazados en su vida profesional?

Después de 27 años de trabajo en el MNBA, puedo afirmarte que todo lo que soy -si es que soy algo- se lo debo a mi consagración y fidelidad a la institución que me acogió cuando tenía 24 años. Ha sido mi único trabajo, y sin dudas es mi gran amor. Por supuesto he tenido periodos de altas y bajas, pero prefiero recordar los momentos que me vinculan a esa gran familia de trabajadores que acoge en su seno el MNBA. En este lapso de tiempo he realizado todas las tareas que puede llevar a cabo un curador, desde las más sublimes, como investigar la autenticidad de un cuadro, hasta las más modestas como trasladar las obras por las distintas salas del Museo Nacional o ayudar al montaje de las mismas. He tenido el inmenso placer de tener en mis manos desde la Gitana tropical, de Víctor Manuel, hasta el Tercer Mundo, de Wifredo Lam. En tal sentido soy un hombre inmensamente feliz.

¿Proyectos para un futuro inmediato?

Para el próximo año 2011 tenemos prevista una exposición de Amelia Peláez, la cual constituirá un recorrido por los momentos más significativos de su fructífera carrera, que comprende desde su aparición en la escena pública como pintora académica y discípula eminente del maestro Leopoldo Romañach, su consagración definitiva en los años cuarenta y cincuenta como una de las grandes figuras de nuestra plástica, hasta llegar al esplendor final de su carrera con sus obras de la década del sesenta. Por otra parte estamos organizando una muestra que nos entusiasma mucho, por el centenario de natalicio de Felipe Orlando. De este gran pintor cubano se conoce muy poco ya que su vida artística transcurrió en diferentes países, como Cuba, Estados Unidos, México y España. Existe poca información y su obra se encuentra dispersa en estas naciones. Es un verdadero reto y un auténtico placer trabajar una exposición de estas características.